09/05/2026
Envidiosa puede parecer, a primera vista, una serie costumbrista sobre una mujer atravesando “los 40”, con todo lo que esa etapa despierta: vínculos, contradicciones, deseos, enredos cotidianos. Pero debajo de esa superficie amable se despliega otra historia, más silenciosa y profunda: la de un proceso analítico.
Sin didactismos ni grandes declaraciones, la serie muestra cómo un sujeto entra en análisis y cómo, sesión a sesión, algo de su modo de estar en el mundo comienza a transformarse.
Vicky llega a terapia cargada de historias, mandatos y automatismos. Y, casi sin que ella misma lo note, va encontrando palabras, decisiones y posiciones nuevas. El gesto final —cuando su analista le propone espaciar las sesiones— es la señal de que algo se reordenó. Que ya no es la misma que empezó.
Y no es solo su recorrido lo que vale la pena: los personajes secundarios también están construidos con una humanidad y una complejidad que enriquecen la trama y amplían la mirada.
Por todo esto, recomiendo profundamente ver Envidiosa. No solo por la historia de su protagonista, sino por la sensibilidad con la que retrata los procesos internos que muchas veces quedan fuera de escena.