31/12/2025
Última reflexión del año.
Feliz 2026
¿Y SI INTENTAMOS CAMBIAR DE ACTITUD?
No siempre está en nuestras manos cambiar lo que ocurre. El mundo no se detiene para preguntarnos si estamos preparados, ni las circunstancias se pliegan a nuestros deseos. A veces la pérdida, la incertidumbre o la injusticia se imponen sin pedir permiso. Pero incluso entonces, cuando la realidad parece inamovible, queda un espacio íntimo y decisivo: la actitud con la que la miramos.
Cambiar de actitud no es resignarse ni maquillar el dolor con optimismo superficial. Es un acto profundo de libertad interior. Significa decidir no quedar atrapados únicamente en lo que falta, en lo que duele o en lo que no fue. Significa preguntarnos qué nos ha enseñado el camino recorrido, qué parte de nosotros ha cambiado —para bien o para mal— y qué podemos hacer con esa transformación.
Al cambiar de actitud, la dificultad deja de ser solo un muro y empieza a parecer una grieta. Por ella entra la luz del aprendizaje, de la empatía y, a veces, de la humildad. Comprendemos que no todo obstáculo está ahí para ser vencido, sino para ser comprendido; que no todo fracaso es una derrota, sino una llamada a mirar desde otro ángulo.
Un año nuevo no borra el pasado, pero sí nos ofrece una pausa simbólica. Un instante para decidir cómo queremos seguir caminando. Tal vez no con más certezas, pero sí con una mirada más abierta. Tal vez no con menos problemas, pero con una mayor capacidad para habitarlos sin que nos destruyan.
Entrar en un nuevo año cambiando de actitud es elegir la lucidez frente al cinismo, la responsabilidad frente a la queja constante, y la esperanza —crítica y consciente— frente a la indiferencia. Es recordar que, aunque no siempre podamos cambiar el mundo, siempre podemos evitar que el mundo nos quite del todo la dignidad de elegir cómo estar en él.
Que el nuevo año nos encuentre atentos, honestos con nosotros mismos y dispuestos a abrir puertas y ventanas allí donde antes solo veíamos paredes.