15/03/2026
Esta foto me devuelve a un tiempo muy especial de mi vida profesional.
Es de finales de los años ochenta, o quizá de los primeros noventa, cuando ejercia la pediatría, primera de mis especialidades médicas antes de que la salud mental acaparara toda mi atención .
Mi formación en Pediatría y Puericultura comenzó ya antes de finalizar la carrera de Medicina, pues a partir del cuarto año de formación en la Facultad de Medicina de Valencia, fui alumno interno en la Cátedra de Pediatría y Puericultura que dirigía don Joaquín Colomer Sala como catedrático.
Aquella etapa fue para mi una escuela, no solo de medicina, sino también de humanidad.
En la imagen aparezco auscultando a un pequeño paciente con mi viejo estetoscopio.
Recuerdo muy bien esos gestos: inclinarme con cuidado, hablar con suavidad al niño, intentar que no se asustara y ganarme su confianza… y también la de su madre.
En pediatría cada consulta era algo más que un acto clínico, pues siempre se convertía en encuentro lleno de ternura, responsabilidad y respeto por una vida que apenas comenzaba.
Los niños me enseñaron desde muy temprano que la medicina no consistía solo en diagnosticar o prescribir un tratamiento, sino en cuidar; en escuchar incluso cuando el paciente todavía no sabe hablar; en observar con atención; en tranquilizar; y en transmitir siempre seguridad.
Muchos años después, poco a poco mi camino profesional se fue centrando en la salud mental, especialidad que fue captando mi atención y mi formación hasta que la pediatría se fue convirtiendo en pasado, sin embargo, al mirar hoy esta foto, siento que de alguna manera todo empezó con la pediatría y que aquella cercanía con los niños y sus familias eran una forma temprana de aprender a comprender a las personas y su psique aunque yo no lo supiera.
Esta imagen conserva el recuerdo y el sabor # un médico joven, lleno de ilusión y de respeto por su profesión, tratando de estar a la altura de la confianza que una familia deposita cuando pone la salud de su hijo en tus manos.
Conforme la miro, regreso por un instante a aquel consultorio sencillo, al silencio atento del estetoscopio… y al comienzo de una vocación que con los años iría tomando nuevos caminos, pero siempre con el mismo propósito: cuidar y curar.