17/05/2026
Durante mucho tiempo pensé que mi problema era que los demás no respetaban mis límites.
Mi jefe autoritario.
Mi pareja controladora.
Algunas amistades con las que parecía que siempre había que hacer lo que ellas querían.
Y ahí estaba yo, tragando, enfadándome constantemente porque todo seguía igual y sentía que:
me pedían demasiado,
invadían mi espacio,
o no tenían en cuenta mis necesidades.
Y sí, eso era verdad.
Pero con el tiempo me di cuenta de otra verdad bastante incómoda:
el problema no era solo que ellos cruzaran mis límites.
También era que yo los abandonaba muy rápido.
Porque en cuanto alguien insistía un poco…
se molestaba…
o aparecía tensión en el ambiente…
yo acababa cediendo.
Y vuelta a empezar:
Tragar - Acumular - Agotamiento - Explosión.
y esa sensación horrible de:
“otra vez no me he respetado”.
Porque seamos sinceros…
si yo misma acababa cediendo,
¿cómo iba la otra persona a tomarse en serio ese límite?
Y la verdad, creo que esto pasa muchísimo más de lo que pensamos.
Lo veo constantemente en terapia. Unos con sus grupos de amistades, otros con la familia, otros en el trabajo…
Y el problema no es tanto no saber poner límites.
Es sostener la incomodidad que aparece cuando los ponen.
La culpa.
El miedo a decepcionar.
El conflicto.
La sensación de estar siendo egoístas.
¿A ti también te pasa?
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