20/03/2026
Por fuera, el gesto parece libre.
Casi caótico.
Como si la mano estuviera improvisando.
Por dentro, no.
Todo acaba encontrando su lugar.
El esmalte ordena, el fuego decide,
y lo que parecía ruido
empieza a hablar.
Óxidos de manganeso y cobre,
dibujando un código extraño
hasta que el horno los obliga a entenderse.
Porque en cerámica, como en la vida,
el desorden no siempre es un error.
A veces es solo una fase previa del sentido.
Este cuenco de loza Graffito C50-SF lo tiene bastante claro.
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