30/03/2026
Cuando perdemos a alguien importante, no solo perdemos a esa persona. Perdemos también una parte de nuestra historia, una versión nuestra compartida y parte de la vida tal y como la conocíamos.
De alguna forma, dejamos de ser quienes éramos porque todo cambia.
Por eso, atravesar un duelo no es olvidar ni superar. Es, en muchos casos, un trabajo silencioso de reconstrucción. De ir reescribiendo nuestra historia sin borrar lo vivido.
Porque no desaparece todo lo que esa persona escribió en nosotros. Los gestos aprendidos, los lugares compartidos, las costumbres que seguimos manteniendo. Algunas dolerán demasiado. Otras se convertirán en la forma en que el vínculo continúa, de otro modo.
Nuestra compañera Carmen del Barrio nos cuenta cómo durante un tiempo necesitamos contar una y otra vez lo que pasó. Repetir las mismas escenas, las mismas palabras. Y eso so significa estancamiento. Es la manera que tiene nuestra mente y nuestro corazón de intentar integrar lo que duele.
Poco a poco, junto a esa historia que terminó, empieza a aparecer otra más pequeña. Una que no sustituye, pero que convive.
Y cada persona tiene su ritmo, su forma de expresarlo y y no siempre encaja con lo que los demás esperan.
Si estás en ese momento en que la historia aún duele demasiado para ser contada, quizá no tengas que hacerlo en soledad.