Psicóloga Inés Muñoz-Cobo

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¿Tú qué haces cuando tienes una herida física? ¿Cuántas cosas se te ocurren para poder cuidarte?Tenemos unas nociones bá...
13/07/2022

¿Tú qué haces cuando tienes una herida física? ¿Cuántas cosas se te ocurren para poder cuidarte?
Tenemos unas nociones básicas para responder al dolor. Sabemos que existe el agua, el jabón, el yodo, los puntos, las suturas, los médicos, las urgencias, etc.
Sabemos también que no todas las heridas son iguales. Algunas requieren cuidados de pocos días, otras son más urgentes y algunas incluso pueden conllevar rehabilitación.
Cuando se trata del cuerpo nos damos permisos. Las heridas se ven y son vistas por los demás. Existe un cuidado individual y una conciencia colectiva entorno al cuerpo. Sabemos hablar de él, preocuparnos y acompañar a los demás. ¿Por qué cuando se trata de una herida emocional le damos menos valor? ¿Es porque no se ve? ¿Acaso no duele? ¿No requiere cuidados, tiempo, permisos, bajas y recursos?
Las heridas emocionales y las físicas no son tan distintas. Cuando aparecen generan un impacto, causan daño y necesitan gestiones a corto y largo plazo. Si todas necesitan dedicación, ¿por qué escondemos unas y otras no?

15/03/2021

No te perdono, Covid, tus formas. Además de vida te has llevado el tacto. No me permites abrazar, ni viajar, ni enterrar...
11/11/2020

No te perdono, Covid, tus formas. Además de vida te has llevado el tacto. No me permites abrazar, ni viajar, ni enterrar a la gente que se ha ido. Porque puedo entender la muerte. Forma parte de la vida. Llega inevitablemente como tenía que venir. Y la acepto. La aceptamos todos a nuestro pesar, porque no nos queda otra. ¿Pero tenías que llevarte el tacto?

Reivindico mi derecho a las lágrimas. A enterrar a mis familiares. A poder despedirme después de horas de velatorio a nuestra forma. Haciendo comidas, rodeados de familia. Entre chistes malos, ruidos de platos, sidra en la mesa y poco atino en ningún vaso.

Reivindico mi derecho a despedirme. A no congelar mi dolor porque la situación no me deje estar con la gente que quiero, juntos en nuestra trinchera, a pesar de la distancia y el tiempo sin vernos.

No me gustas Covid. No me gustan tus formas. Y por eso no pienso callarme. No quiero aplazar mis duelos. Los viviré, los gritaré y más tarde, cuando nos des tregua, celebraremos la vida juntos. En la cuesta del Cholo, por ejemplo. Cómo aquella tarde cuando la muerte apareció y nosotros fuimos vida. Porque querer es eso. Estar, reír, llorar, cantar, ser vulnerables, ser parte.

20/10/2020

La importancia del autocuidado:
- Reduce el estrés, aumenta la sensación de bienestar, mejora nuestra emoción interna y la interacción con los demás.
- Ante el desbordamiento escucha tu cuerpo y cuida tu mente. Piensa en las cosas que te hacen sentir mejor y busca tiempo para poder hacerlas.
- Recupera ese espacio personal dentro de tus rutinas. Huecos para ti dentro de tus obligaciones semanales.
- Habla con los demás. Pide ayuda si la necesitas.
- Prioriza tu tiempo. Sino llegas a todo baja el nivel de exigencias antes de llegar al límite.

Gracias por compartir tus experiencias.

¿Tú cómo te cuidas?https://youtu.be/61pT3lXq6lMPompón de Plata
15/10/2020

¿Tú cómo te cuidas?
https://youtu.be/61pT3lXq6lM
Pompón de Plata

El autocuidado es fundamental para tener una mayor salud mental. y felicidad. Actualmente la mezcla de roles como ser padres, emprendedores, cuidar la casa n...

A veces quiero abrazar muy fuerte a mis pacientes, cuando sufren y no saben que tienen ese dolor o que significa lo que ...
29/09/2020

A veces quiero abrazar muy fuerte a mis pacientes, cuando sufren y no saben que tienen ese dolor o que significa lo que les ha pasado. Me gustaría decirles que lo siento y que no están solos. Cómo sí con un abrazo pudiese ahorrarles todo ese dolor. Pero no puedo...No puedo evitar que hayan vivido lo que han vivido. Ni tampoco vivir ese viaje por ellos. Lo que si puedo, y suelo hacer, es acompañarles. Para que se perdonen y se miren con cariño. Sobre todo en esos momentos en los que estuvieron más solos y se sintieron más vulnerables. Para que en un futuro, generen sus propios abrazos y sean bondadosos con ellos mismos. Todas las veces que lo necesiten.

18/09/2020

15/09/2020

La palabra "cambiar" suele asustar un poco cuando aparece en una conversación. Tal vez porque las cosas que vivimos en el pasado nos hicieron muy felices, o porque éramos distintas y nuestra situación era otra. Y precisamente por ello, tal vez, las cosas que ahora vivamos ya no nos llenen igual. Puede que nuestras prioridades no sean las mismas, nuestros gustos sean distintos y necesitemos otras cosas de las relaciones que establecemos con los demás.

Cambiar no tiene por qué significar hacer borrón y cuenta nueva. El cambio implica mirar lo que nos cuesta y hablar de todo lo que necesitamos como personas, amigas, profesionales, parejas, madres o individuos. Lo que pasa es que, a veces, descubrir nuestras necesidades puede conllevar momentos de bloqueeo y dudas. Es ahí donde sin querer podemos cerrar los ojos y seguir con la esperanza de que todo se ordene sólo. Para que no empeore nada y todo siga igual. Aunque eso ya no nos sirva, ni nos haga felices.

Es cierto, el cambio puede asustar. Puede llevarnos a otro sitio. A uno que no conozcamos y en el que no sepamos cómo movernos. Y no por ello significa que sea un sitio peor. Lo que significa es que es nuevo. Con sus nuevas soluciones y conversaciones que nos hagan sentir mejor con nosotras mismas.

A mi nunca se me ha dado demasiado bien disimular lo que siento. Mi cara habla sola. No tiene solución.  Siempre muestra...
12/08/2020

A mi nunca se me ha dado demasiado bien disimular lo que siento. Mi cara habla sola. No tiene solución. Siempre muestra si algo me enfada, me desagrada, me entristece o me hace feliz. Mi hermana Bea me sacó esta foto hace unos años. No recuerdo que estaba pasando en la terraza de mi abuela, pero si puedo intuir cuál era mi emoción de aquella conversación. En más de una ocasión he intentado poner “cara de póker” para evitar hablar de cómo me estaba sintiendo. Esa expresión facial que se usa cuando contienes lo que sientes por dentro para no discutir ni decir que algo te ha dolido, molestado, preocupado o que no te gusta.

Discutir a veces conlleva poner las cartas sobre la mesa y hablar de todo aquello que nos asusta. Cosas que no sabemos si la otra persona entenderá o sabrá darle la importancia que tiene para nosotras. Cuando los temas que nos disgustan entran en estas líneas de conversación, en ocasiones, nos callamos. Pensando que con el silencio evitaremos un conflicto y con ello ganaremos una tarde de sol, como la de aquel verano de mi foto. Lo que ocurre es que el silencio genera distancia. Con el silencio no se pueden construir puentes para generar cambios. Es funcional, eso sí, evita hablar de lo que duele y nos permite construir un muro. Una guarida que nos proteja de los peligros. El problema es que, desde el silencio, en nuestra soledad, tampoco dejamos participar a los demás en la solución.

Mi cara de pocos amigos siempre ha traído conversaciones precipitadas sobre muchas cosas. No siempre he estado preparada para expresar lo que me estaba doliendo, ni he tenido ganas de compartir qué me había llevado a sentirme así. Esto, a veces, me ha generado frustración (lo cual sumado a la cara de la foto es un combo demoledor). Pero gracias a ello, he podido hablar de las cosas que me estaban preocupando. He podido soltar mi enfado y acercarme a las personas que quiero. Así como generar soluciones donde también suelo tenerme en cuenta.

21/07/2020

Tengo una amiga que siempre dice que no hay que coger ninguna maleta que no nos corresponda. Concretamente a mi amiga Laura le gusta decir: "Mira, Inés, esa mi**da no es mía". Ella tiene razón. Y no es que a mi amiga no le encante viajar. Sí por ella fuera ahora mismo estaría dando la vuelta al mundo. Lo que a Laura no le gusta es sentirse culpable porque alguien no se responsabilice de sus actos. No le gusta que otra persona menosprecie sus emociones porque quiera salirse con la suya. Y mucho menos soporta que le impongan una decisión sin tenerla en cuenta. Laura es y quiere sentirse libre. Para decir que sí y para gritar que no. Porque tiene todo el derecho a escoger por su cuenta sin imposiciones ni manipulaciones.

A veces las personas que nos rodean tienen maletas. Transportan cargas, heridas o problemas que llevan a cuestas. Y sin querer, debido al peso, en ocasiones se dan situaciones donde nos vemos cargando con cosas que no queremos y nos hacen daño. Cuando me veo en una situación así y mis hombros se quejan o mi estómago se encoge, siempre me acuerdo de Laura. "Tengo que soltar. Esa mi**da no es mía".

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