04/02/2026
LA MIRADA QUE NO SOSTUVO
El aprendiz Taro tenía una costumbre silenciosa:
cuando alguien lo miraba a los ojos, bajaba la mirada al instante.
No era timidez.
Era incomodidad.
Un día, mientras ayudaban en la cocina, el maestro Kaisen se lo señaló sin reproche.
—Siempre miras al suelo cuando alguien te mira.
Taro se tensó.
—No me gusta sentirme visto —respondió—. Siento que debo mostrar algo que no tengo.
Kaisen continuó cortando verduras.
—Cuando evitas la mirada —dijo—, no te escondes de los demás. Te escondes de ti mismo.
Taro frunció el ceño.
—¿Y si no me gusta lo que encuentro?
El maestro levantó la vista y sostuvo la mirada de Taro con calma.
—Entonces es ahí donde empieza el trabajo.
El silencio se volvió espeso.
Taro sintió el impulso de apartarse… pero no lo hizo.
No pasó nada extraordinario.
Nadie lo juzgó.
Nadie le pidió nada.
Solo ocurrió algo nuevo:
descubrió que podía sostener la mirada sin desaparecer.
Más tarde, comprendió que había pasado años confundiéndose:
no temía ser visto…
temía quedarse.