29/03/2026
Estas son Teresa, Marisa y Violeta, mis vecinas.
Mientras escribía STOP DOLOR estuve bastante desaparecida. No pasaba tanto tiempo en el jardín que compartimos —donde normalmente coincidimos, hablamos y nos ponemos al día— y ellas lo notaban. Aun así, sabiendo que estaba centrada en el libro, no perdían ocasión para recordarme: “Cuando salga, habrá valido la pena.” Las tres han estado muy presentes durante todo el proceso.
El mismo miércoles por la mañana fueron de las primeras en ir a la librería del pueblo a por su ejemplar. Desde entonces, ya están leyéndolo.
Teresa, con 86 años, siempre me preguntaba: “Encarna, ¿tú crees que lo entenderé?”. Tiene acúfenos (tinnitus) y le interesaba especialmente poder comprender y revertir ese síntoma. La tuve muy presente al escribir, pensando en que el contenido fuera claro y accesible, que pudiera llegar y ayudar a personas de distintas características. También pensaba en escribirlo para que mi padre, de 93 años, pudiera entenderlo.
Marisa, su hermana, me comentó que le tranquilizó leer que los mareos son un síntoma disfuncional y que la TRD puede revertirlos. Y Violeta, que está en cuarto de Psicología, tenía muchas ganas de que saliera para leerlo.
Esta foto es de hace unos días, celebrando que el libro ya está fuera y que podemos retomar nuestros ratitos de comunidad y charlas en el jardín de nuestras casas🌹🌹🌹🌹