22/03/2026
ANECDOTARIO...
Mediterráneo es una de las canciones clave en la carrera de Joan Manuel Serrat, la escribió estando lejos de su país natal...
La canción se lanzó en 1971, en el mismo álbum también se encuentran temas tan icónicos como Aquellas pequeñas cosas y Lucía. La inspiración nació por estar lejos de su país y la profunda añoranza de su tierra natal en el mar Mediterráneo, no del Monasterio de Montserrat como se especulaba, sino durante sus primeras semanas en México, en el otoño de 1969. Serrat, al no poder ver el mar, fue a un lago cercano para hacerse a la idea de él, comprendiendo que el Mediterráneo era para él una "identidad feliz" y una esencia.
Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa
Y escondido trás las cañas, duerme mi primer amor
Llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya
Y, amontonado en tu arena, guardo amor, juegos y p***s
Serrat comienza evocando la infancia como un lugar que nunca se va. El mar representa su origen, su hogar emocional, el sitio donde aún “juega” su niño interior. Es una imagen sagrada que une el tiempo pasado con el presente, incluso recuerda con cariño a esa persona que te dio la primera cucharada agridulce del amor.
Yo, que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno
Que han vertido en ti, cien pueblos, de Algeciras a Estambul
Para que pintes de azul sus largas noches de invierno
A fuerza de desventuras, tu alma es profunda y oscura
Serrat lleva con él no solo su historia personal también la historia de su país. Habla de llevar “en la piel” el dolor acumulado de siglos: guerras, migraciones, pérdidas, tragedias. Por otro lado alude a toda la diversidad cultural del Mediterráneo: españoles, árabes, griegos, italianos, turcos, africanos… “Cien pueblos” que han dejado en el mar sus lágrimas, sus luchas, sus naufragios y sus sueños.
El mar transforma ese dolor en belleza, las lágrimas se convierten en el color azul que cubre sus aguas. Es una metáfora preciosa sobre el arte, la naturaleza o la memoria pueden dar belleza incluso al sufrimiento.
Con el verso final, Serrat termina por personificar al mar como un ser viejo, sabio y melancólico. Su profundidad no es solo física: es moral, espiritual, emocional.
Una canción bellísima que escribió a su historia personal, a sus recuerdos, a su país. Porque un hombre deja de serlo cuando olvida sus orígenes y de donde viene...