26/02/2025
El Secreto de las Estrellas
Había una vez dos hermanas, Luna y Estrella, que vivían en un pequeño pueblo donde el cielo era tan claro que por las noches podían ver miles y miles de estrellas brillando como pequeños diamantes.
Una noche especial, cuando la Luna estaba más grande y luminosa que nunca, su abuela las llamó al jardín y les dijo:
—Hoy os voy a contar un secreto muy poderoso: el universo escucha nuestros deseos.
Luna y Estrella se miraron con los ojos muy abiertos.
—¿Cómo? —preguntó Estrella, la más pequeña.
—Sí —respondió la abuela—. Si aprendes a pedir de corazón y a creer con toda tu alma, el universo te responde con magia.
—¡Queremos aprender! —exclamó Luna.
La abuela sonrió y las llevó a un claro del bosque, donde el cielo se veía aún más grande. Allí, dibujó un círculo en la tierra y les explicó:
—Vamos a hacer un ritual de manifestación. Cierra los ojos y piensa en algo que realmente deseas, algo que haga brillar tu corazón de alegría.
Luna cerró los ojos y deseó poder pintar los arcoíris más hermosos del mundo. Estrella, con su cabecita llena de imaginación, deseó poder hablar con los animales del bosque.
—Ahora —continuó la abuela—, debéis sentir en vuestro corazón que ese deseo ya es real. Imaginad que ya lo tenéis, que ya está ocurriendo.
Las niñas se quedaron en silencio, sintiendo en su pecho la alegría de su deseo cumplido.
—Muy bien —dijo la abuela—. Ahora vamos a darle al universo una señal de agradecimiento.
Cogió unas piedritas brillantes del suelo y las lanzó al aire. Al caer, parecían pequeñas estrellas fugaces.
—Cada vez que agradecemos, el universo nos responde con más magia —explicó.
Justo en ese momento, una estrella fugaz cruzó el cielo.
—¡El universo nos ha escuchado! —gritó Estrella emocionada.
Desde aquella noche, Luna comenzó a pintar arcoíris en cada rincón y, un día, un pintor famoso vio sus dibujos y le regaló un maletín de colores mágicos. Por su parte, Estrella descubrió que, cuando escuchaba con atención, podía entender el lenguaje de los animales.
Las dos aprendieron que la magia no era un truco, sino una combinación de deseo, fe y gratitud. Y así, aprendieron a pedir sus deseos al Universo.