02/05/2026
“Cuando la gente sabe que hizo mal, te evita…”
y no siempre es por orgullo,
a veces es porque no saben cómo sostener la culpa
sin romperse un poco más.
Evitan tu mirada
porque en ella se refleja lo que fueron,
lo que dijeron,
lo que no supieron cuidar.
No es que te olviden,
es que recordarte
les incomoda el alma.
Hay silencios que no nacen del desinterés,
sino del peso de lo no resuelto.
De palabras que no se dijeron a tiempo,
de disculpas que nunca encontraron valor.
Y entonces eligen lo más fácil:
la distancia.
Porque acercarse
implicaría reconocer,
bajar la cabeza,
aceptar que fallaron…
y no todos tienen el coraje para hacerlo.
Es curioso,
cómo quien lastima
muchas veces termina huyendo,
mientras quien fue herido
se queda con las preguntas.
Pero con el tiempo
uno entiende algo más profundo:
que no todas las ausencias son abandono,
algunas son cobardía,
otras son vergüenza,
y algunas…
simplemente incapacidad de enfrentar lo que hicieron.
Y en medio de esa melancolía
queda una lección silenciosa:
no siempre obtendremos explicaciones,
ni cierres perfectos,
ni disculpas que reparen lo roto.
Pero sí podemos elegir
no cargar con culpas ajenas,
y seguir caminando
aunque el otro haya decidido
no volver a mirarnos.
Me gustó mucho ©️ D.R.