ALMA REIKI

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Este grupo ha sido creado como camino de vida.

Nuestra experiencia como terapeutas, pero también como pacientes, nos ha hecho experimentar por nosotras mismas los avances y logros que puede llegar a realizar una persona

04/01/2026

EL ESTRÉS, SINÓNIMO DE TEMOR

El estrés no aparece de la nada. No es solo una respuesta del cuerpo ante el exceso de tareas o la falta de tiempo; en su raíz más profunda, el estrés es una forma de temor. Temor a no llegar, a no cumplir, a perder el control, a decepcionar o a ser rechazados. Cuando lo comprendemos así, dejamos de verlo como un enemigo externo y empezamos a escucharlo como un mensaje interno que pide atención y comprensión.

Vivimos en una cultura que glorifica la prisa y la exigencia constante. Se nos ha enseñado que descansar es perder el tiempo y que detenerse es un signo de debilidad. En este contexto, el estrés se convierte en un compañero habitual, casi normalizado. Sin embargo, detrás de esa tensión permanente suele esconderse una creencia silenciosa: “No soy suficiente tal como soy” o “Si no hago más, no valgo”. Ese pensamiento, repetido una y otra vez, genera miedo, y el miedo, sostenido en el tiempo, se transforma en estrés.

El cuerpo habla cuando la mente calla. Contracturas, insomnio, cansancio extremo, irritabilidad o falta de concentración son señales claras de que algo dentro de nosotros se siente amenazado. El estrés es el aviso de que estamos viviendo desde la defensa, no desde la confianza. Es la reacción de un sistema interno que cree que el peligro es constante, aunque muchas veces ese peligro no sea real, sino imaginado o heredado de experiencias pasadas.

Cuando el temor gobierna, el presente se vuelve pesado y el futuro incierto. Anticipamos problemas que aún no existen y revivimos errores que ya quedaron atrás. Así, el estrés nos roba la paz del ahora, que es el único espacio donde realmente podemos actuar y transformarnos. Comprender esto es un acto de conciencia: no estamos obligados a vivir en alerta permanente.

Transformar el estrés comienza por cuestionar el miedo que lo sostiene. ¿Qué temo perder? ¿Qué creo que pasará si no controlo todo? ¿De dónde nace esta exigencia constante? Al hacernos estas preguntas con honestidad y compasión, abrimos una puerta interior. La puerta de la confianza, del permiso para ser humanos, imperfectos y suficientes.

El antídoto del estrés no es hacer menos cosas, sino pensar y sentir de otra manera. Es aprender a elegir la calma como una forma de fortaleza, no de evasión. Es recordar que la vida no nos exige estar siempre tensos para demostrarnos valiosos. Al soltar el temor, el cuerpo se relaja, la mente se aclara y el corazón recupera su ritmo natural.

Cuando entendemos que el estrés es sinónimo de temor, también descubrimos que la serenidad es sinónimo de confianza. Y desde esa confianza, la vida fluye con mayor equilibrio, permitiéndonos avanzar sin perder la paz interior.

27/12/2025

🌿 AGRADECE LO QUE TIENES 🌿
La gratitud es una de las fuerzas más elevadas del universo. A través de ella abrimos nuestro corazón y nuestra conciencia para reconocer la perfección divina que nos rodea en cada instante. Agradecer no es simplemente pronunciar un “gracias” por cortesía; es un acto profundo de reconocimiento espiritual que nos conecta con la fuente de todo bien.
Cuando agradeces, vibras en armonía con la abundancia. El universo responde a esa vibración multiplicando lo que valoras. Cada pensamiento y cada sentimiento de gratitud son semillas que germinan en forma de nuevas bendiciones. Por eso, quien vive agradecido, vive en constante expansión.
Muchas veces, el ser humano se enfoca en lo que le falta, en lo que aún no ha conseguido o en lo que desea cambiar. Esa actitud genera carencia y desconexión. En cambio, cuando aprendes a ver lo que ya posees, incluso lo pequeño cobra valor. La gratitud convierte lo ordinario en extraordinario. La cama donde descansas, el alimento que te nutre, la amistad que te acompaña, la salud que te sostiene: todo ello es motivo de agradecimiento.
Agradecer no depende de las circunstancias, sino de la conciencia. Hay quienes, en medio de la dificultad, logran decir “gracias” porque comprenden que toda experiencia encierra una enseñanza y una oportunidad de crecimiento. Cada prueba es una puerta que conduce a una mayor comprensión y a una fe más firme.
La verdadera gratitud nace del alma, no del pensamiento. Es una energía que se siente y se expande, elevando nuestra frecuencia vibratoria. Cuando agradeces sinceramente, transformas tu entorno. Las personas que viven desde la gratitud irradian luz, paz y esperanza. Son capaces de ver el bien oculto detrás de cada situación y, por eso, atraen más motivos para agradecer.
El Maestro Jesús decía: “Al que tiene, se le dará, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.” Esta frase, comprendida desde la metafísica, nos enseña que quien reconoce y agradece lo que posee, multiplica sus bienes; mientras que quien vive en queja y descontento, bloquea el flujo divino de la provisión.
Agradecer es también una forma de oración. Cada vez que das gracias, estás declarando: “Confío en que el bien de Dios está actuando en mi vida.” No importa si aún no ves el resultado; la gratitud es una afirmación de fe, una certeza de que todo obra para tu mayor bien.
Empieza cada día con gratitud. Al abrir los ojos, da gracias por un nuevo amanecer, por tu cuerpo que te permite experimentar la vida, por las personas que amas y por las experiencias que te ayudan a crecer. Termina cada noche agradeciendo lo vivido, incluso lo que no salió como esperabas. Todo tiene un propósito.
Cuando el corazón se llena de gratitud, desaparece la necesidad de competir, de compararse o de reclamar. Surge una sensación profunda de plenitud y paz. La gratitud nos enseña a vivir en el presente, a disfrutar lo que somos y lo que tenemos aquí y ahora.
Haz de la gratitud una práctica constante. Lleva un diario donde anotes tres cosas por las que te sientas agradecido cada día. Observa cómo tu visión del mundo cambia y cómo la vida comienza a responder con mayor generosidad.
Recuerda siempre:
La gratitud no es una respuesta, es una elección.
No esperes tenerlo todo para agradecer, agradece y lo tendrás todo.

24/12/2025
20/12/2025

LA NAVIDAD
La Navidad no es solo una fecha marcada en el calendario ni un conjunto de tradiciones repetidas año tras año. Es, ante todo, un estado del alma. Un tiempo en el que la vida nos invita a detenernos, a bajar el ritmo y a mirar hacia dentro con honestidad y ternura.
En medio del ruido, las luces y los compromisos, la Navidad nos recuerda el valor del silencio. Ese silencio fértil donde podemos escuchar lo que realmente necesitamos, donde el corazón habla sin prisa y la conciencia se expande. Es en ese espacio interior donde nace lo nuevo, del mismo modo que la luz nació en la noche más oscura.
La esencia de la Navidad es el renacimiento. No solo de una figura sagrada, sino de nuestra propia capacidad de amar, perdonar y recomenzar. Cada Navidad nos ofrece la oportunidad de soltar viejas cargas, resentimientos acumulados y miedos heredados, para dar paso a una versión más auténtica de nosotros mismos.
Es también un tiempo de reconciliación. Con los demás, pero sobre todo con nosotros. Aceptar nuestras sombras, honrar nuestros aprendizajes y reconocer que cada experiencia, incluso la más difícil, ha contribuido a nuestro crecimiento. La Navidad nos enseña que la verdadera paz no se impone desde fuera, sino que se construye desde el interior.
Compartir es uno de los pilares de este tiempo. No se trata únicamente de regalos materiales, sino de presencia, escucha y calidez. Un gesto sincero, una palabra amorosa o una mirada comprensiva pueden convertirse en el mayor obsequio. Cuando compartimos desde el corazón, la abundancia se multiplica de forma natural.
La luz, tan presente en la simbología navideña, nos recuerda que incluso en los momentos más oscuros siempre hay una chispa encendida. Esa luz somos nosotros cuando actuamos desde la conciencia, la compasión y la coherencia. Encender nuestra luz interior es el verdadero sentido de la Navidad.
Que esta Navidad sea un regreso al hogar interior. Un tiempo para recordar quiénes somos, para agradecer lo vivido y para sembrar, con intención y amor, las semillas del nuevo ciclo que comienza.

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