10/04/2025
Hoy me veo con fuerzas para escribir.
Muchos habéis sido los que me habéis “acompañado”, de una u otra manera, en este largo proceso. Cada visita, detalle, llamada y mensaje me dieron la fuerza para seguir buscando la salida y la tan ansiada recuperación.
No fue fácil esa “piedra” en el camino y las múltiples circunstancias que lo empeoraron, pero sí… Hoy sí puedo decir que vengo con más fuerzas que nunca y con muchas ganas de trabajar y disfrutar de cada minuto.
Nunca será suficiente el AGRADECIMIENTO a la FAMILIA por estar SIEMPRE y apoyarme en cada una de las decisiones que tomé (que no todas fueron fáciles), a mi marido (ese chico de las Huertas que me cambió la vida) por no soltarme nunca la mano y por su dedicación, siendo más fuerte que los gladiadores. Mis sobrinas, esas dos personitas que han sido mi mejor medicina y motor para no dar al cuerpo siempre lo que pedía.
Literal, puedo decir y reconfirmar la familia de compañeros que forma la Policlínica Irene Jiménez porque cuidaron del centro como si fuese suyo, todos a una.
Son muchas las personas que incluyo en mi familia, ya que tengo amigos que son como tal, y que hacen que este mundo sea más bonito.
Mis pacientes (y tan pacientes que habéis sido…). Millones de gracias por hacerme llegar, de la buena manera en la que podíais, vuestros ánimos.
No quiero dejarme atrás tampoco a algunas personas del ámbito sanitario que aman su profesión y así lo demuestran, con su empatía, dedicación y constancia.
Por último, quiero transmitir un suspiro de esperanza: la humanidad y la solidaridad existen. Mi más sincera gratitud a las personas que sin tener tanto trato, me pararon solo para dedicarme unas palabras.
(No sigo porque asoman las primeras lágrimas entre estas líneas y ya he dicho que llegó mi versión más fuerte).
GRACIAS, siempre GRACIAS.
Eternamente agradecida,
Irene Jiménez Pérez.