29/01/2026
¿Estamos usando las prácticas espirituales como una nueva forma de entumecimiento?
¿Las estamos usando para llenar un espacio donde me da miedo existir?
¿Moviéndome, recibiendo estímulos agradables para no habitar el silencio?
Porque el silencio grita en estos momentos del mundo, donde hay tanto dolor.
Y a veces ese silencio duele más que cualquier ruido.
¿Estoy poniendo mi atención solo en mi confort y bienestar?
Creo que el bienestar es una parte importante del camino: estar bien en el cuerpo, la mente y el corazón. Es una base, un suelo necesario. Pero no es el final. El bienestar que no se comparte, que no se ofrece, puede volverse una forma sutil de aislamiento.
Entonces me pregunto: ¿hay más?
¿En qué momento el cuidado personal deja de ser refugio y se convierte en puente?
¿Cuándo pongo mi cuerpo, mi mente y mi corazón al servicio, no como sacrificio, sino como respuesta viva a lo que duele?
Tal vez la práctica no sea solo calmarme, sino aprender a quedarme.
Quedarme con lo incómodo, con lo que no tiene solución inmediata.
Dejar que el silencio no solo me sostenga, sino que me enseñe a escuchar mejor al mundo.
Esta reflexión viene de conversaciones conmigo misma. Es reflejo de mi camino personal, pero quizás resuene con el tuyo.