01/04/2026
El Señor Jesús es nuestro mayor ejemplo y cada una de sus acciones y enseñanzas tiene un impacto espiritual, pero también en nuestro pensamiento.
Cuando Él lavó los pies de sus discípulos, lo hizo para mostrar su amor y gracia, para recordarnos la necesidad de purificarnos y rendirnos a Él al acercarnos para confesar nuestra desobediencia.
Pero también nos deja una ordenanza, lavarnos los pies unos a otros. Para poder hacerlo, primero debemos cambiar y confrontar nuestras estructuras de pensamiento. Estar dispuestos a colocarnos en una posición de humildad.
Nos lleva a enfrentar nuestras emociones a través del orgullo, recordando que no somos los más importantes y que los demás necesitan experimentar gracia así como nosotros.
Y a cambiar nuestra conducta, dando gracia y perdón a los demás aunque no lo merezcan.