01/11/2025
*El año del Colgado*
Cada año, en el nuevo ciclo brujo, s**o una carta para leer la corriente que empieza a moverse bajo mi vida.
Este año, el Tarot me entregó El Colgado.
Al principio lo recibí con alivio. Pensé que me hablaba de pausa, de mirar las cosas desde otro ángulo, de soltar la prisa. Después de un año de trabajo incesante, de pérdidas, de cuerpos que piden descanso, esa lectura parecía un bálsamo.
Pero el Colgado tiene más profundidad que eso.
Es también la carta del sacrificio.
No del que nace del ego ni de la culpa, sino del que exige ofrecernos por algo más grande, aun cuando ese algo no nos incluya en el resultado. A veces el sacrificio no es renacimiento: es desaparición, es disolución, es dejar que la corriente use nuestra forma para que otro sentido pueda manifestarse.
Al volver a los textos de mis maestros, comprendí que el Colgado representa un movimiento opuesto al del Ermitaño, que fue mi carta del año anterior.
El Ermitaño asciende hacia la luz interior, busca comprender desde la altura.
El Colgado, en cambio, desciende hacia sí mismo.
Donde el Ermitaño se eleva para encontrar claridad, el Colgado se entrega a la raíz, a la oscuridad que revela lo esencial.
Uno levanta la lámpara; el otro se rinde al árbol que lo sostiene.
Y aún hay otra dimensión: el Colgado está suspendido fuera del mundo. Nada lo toca. Desde ese punto intermedio, observa sin intervenir, irradia sin decidir.
Es la pausa antes del acto, el respiro antes de volver a la tierra.
Tal vez el Colgado no viene a darme una respuesta, sino a sostenerme en la pregunta.
A permanecer suspendida entre la rendición y la revelación,
mirando el mundo desde el vacío que, de pronto, también es luz.