07/12/2025
Hoy es la Quema del Diablo en Guatemala.
Una costumbre que empezó limpiando la casa antes del día de la Virgen de la Concepción y terminó funcionando como símbolo: deshacerse de lo que estorba y tirarlo al fuego. El diablo como basurero cultural.
En el tarot, el Diablo funciona distinto.
No se quema.
Aparece cuando algo adentro tomó demasiada fuerza: un deseo que se salió del cauce, una negación que insiste, una parte de uno que actúa sin permiso explícito. En lectura lo veo seguido: fascinación por lo que descoloca o rechazo absoluto de lo que igual está ahí. Las dos rutas llevan al mismo punto, una parte interna moviéndose sin ser nombrada.
La carta deja constancia de eso.
Muestra el lugar donde la voluntad pierde centralidad y otra fuerza propia organiza los movimientos.
Por eso hablo de “conversar con el Diablo”.
No como rito, sino como ejercicio de claridad: ponerle palabras a lo que rechazamos o justificamos. Cuando se articula, deja de filtrarse por donde quiere. La integración ocurre así, reconociendo qué lugar ocupa esa parte y por qué empuja tanto.
Cuando ese reconocimiento no sucede, llega la Torre, consecuencia de sostener una tensión que ya no tiene dónde ir. Después de la Torre, el costo siempre es más alto. Por eso prefiero hablar con el Diablo antes, porque La Torre no se la deseo a Nadie.