19/12/2025
𝐓𝐮 𝐦𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐝𝐢𝐧𝐞𝐫𝐨.
Trabajas sin descanso.
Haces cursos, te quedas hasta tarde, das siempre un poco más.
Y aun así, el ascenso no llega.
El dinero se siente lejano, el reconocimiento va a otros, y una voz interna insiste: no soy suficiente.
Este bloqueo suele manifestarse de muchas formas:
miedo a destacar, a liderar, a brillar más que los demás;
dificultad para recibir elogios, dinero u oportunidades;
roles de sumisión con jefes o colegas;
cansancio crónico y la sensación constante de ir contra la corriente.
Has probado más esfuerzo, más formación, más sacrificio.
Pero sigues en el mismo lugar.
Porque no es un problema de estrategia.
Es un problema de permiso.
En lo profundo, no tienes permiso interno para recibir más que ella.
En el lenguaje del alma, la madre representa la vida misma:
la abundancia, el éxito, la posibilidad de tomar lo que llega.
La forma en que te vinculas con tu madre es la forma en que te vinculas con tu capacidad de recibir la vida en grande.
Tu relación con el dinero es un eco de tu relación con ella.
Cuando internamente hay juicio —cuando la ves como débil, equivocada o insuficiente— algo en ti se frena.
Inconscientemente te haces pequeño para no superarla, para ser leal a sus límites o a su dolor.
Desde esa lealtad infantil, tu éxito se vive como traición.
Tomar a la madre no es justificarla.
No es romantizar su historia ni negar lo que dolió.
Es soltar la lucha interna y dejar de ocupar el lugar de juez.
Es poder decir, desde un lugar adulto:
Gracias por la vida. Fue como fue, y fue suficiente.
Ese gesto interno ordena algo profundo.
Dejas de reclamar, de competir con la vida, de resistirte.
Y comienzas a recibir.
Cuando el juicio se suelta, lo externo también se ordena.
El dinero deja de ser amenaza.
Las oportunidades aparecen.
El éxito ya no pesa, porque al tomar a tu madre, tomas también tu derecho a vivir en abundancia.
Si este texto resonó en ti, no es casualidad.
En mi libro “El dolor que no te pertenece” no solo lees: trabajas, miras tu historia y realizas un proceso de sanación profunda con mi acompañamiento terapéutico.
Es un camino para liberar lealtades invisibles y recuperar tu permiso interno para recibir