11/10/2025
“De nombre, reputación y esencia — lo que permanece cuando todo arde 🔥”
Conocí su nombre, doctora Mirna Santos, cuando aún era apenas un residente más, entre 2013 y 2016, con la ilusión intacta y las manos temblorosas de quien aún no sabe cuánto costará sostener sus ideales.
Entonces usted era, para mí, una figura lejana: una de esas presencias que se pronuncian con respeto, que habitan las directivas y las historias de pasillo. Un nombre. Solo eso.
Años después, en 2018, el nombre se transformó en encuentro. Fue usted quien me invitó a ser parte de algo mayor, de su propia visión, de una psiquiatría que todavía creía posible construir con propósito. Yo no lo supe en ese momento, pero esa invitación fue una forma de fe, un acto de confianza que me cambió el eje.
En 2023, cuando el gremio se quebraba, cuando las grietas de la desunión se hicieron abismo, fue usted quien me miró con calma y me dijo sin necesidad de promesas... que había que seguir. Que el caos no debía asustarnos, que la esperanza también sabe hablar en voz baja.
Y en 2024, cuando el 95% de la Asociación Psiquiátrica de Guatemala nos dio la espalda, cuando el eco del silencio fue más violento que cualquier injuria, usted no me defendió con palabras.
Usted hizo algo infinitamente más grande: no dudó de mí.
Y eso, en tiempos de fuego y traición, es un acto revolucionario.
Desde entonces, ha pasado de ser alguien a quien conocí, a alguien a quien reconozco, a alguien que honro.
Porque no todos los que callan abandonan; algunos callan porque confían, porque saben que la verdad se sostiene sola.
Y usted, doctora Santos, ha sido eso: una columna silenciosa de integridad, una amiga de fondo, una mujer de núcleo.
Yo he aprendido que la reputación se construye hacia afuera, pero la esencia se demuestra en los días oscuros. Y usted me acompañó en ese tramo donde la oscuridad parecía devorarlo todo.
Por eso hoy lo digo con la firmeza de quien ya no duda:
usted es parte de lo que aún me hace creer en la dignidad de esta profesión.
PD: En la foto también está Jorge, otro testigo y amigo silencioso de los días en que resistir fue una forma de amor y la amistad, una bandera.