21/01/2022
Queremos acompañarles y consolarles , sabemos que nos necesitan cuando están abrumados. Pero ¡Que difícil resulta! La rabia nos hace reaccionar. Nos invade la culpa, ¡Lo he hecho mal! ¡Como pude hablarle así! Nos sentimos tristes.
Pensamos, Mañana lo volveremos a intentar.
Cuando somos padres, damos lo que recibimos.
De pequeños aprendimos que llorar era peligroso, representaba una amenaza a la cercanía, amor y aprobación de nuestros padres, les enfadaba vernos abrumados.
Escuchar el llanto era agotador para sus cuerpos cansados de tanto trabajo y las demandas de la crianza. Seguramente eran padres que amaban, pero estaban lejos de entender lo que sentían, sentíamos o lo que ellos mismos necesitaban.
Crecimos escuchando: "Si lloras te quedás sol@" "Esa no es razón para llorar" "No te abrazaré sino dejas de llorar" "¿Querés llorar?" . Sobrevivimos a la experiencia escondiendo, disfrazando o tragando nuestras emociones.
Aprendimos que llorar era signo de debilidad o mal comportamiento, asumimos que si llorábamos eramos débiles o malos niñ@s aprendimos a callar, llevando un n**o de emociones intensas dentro.
Llorar no era permitido, fuimos niñ@s perdidos en emociones más grandes que nuestros pequeños cuerpos, desconectados de nuestra vulnerabilidad y nuestro mundo emocional, nos hicimos adultos ansiosos e irritables, nos es díficil nombrar lo que sentimos.
Somos padres y madres intentando dar lo mejor, pero nos queda una historia que sanar. Nuestro niñ@ herido aún llora a través de la rabia desmedida, de la incapacidad de sostener a otro niñ@ tan abrumado como él mismo.
Hoy necesitamos abrazar, contener y calmar a 2 niñ@s, al niñ@ que fuimos y al niñ@ del que ahora somos padres, darnos el mismo amor, contención y abrazarnos. Respirar profundo, hablarnos con amor, decirnos bajito " Esta bien lo que sientes ahora, pronto pasará" "Eres un niñ@ bueno solo estas abrumado ahora" "Te amo, estoy para ti".
Darnos cada día las palabras que tanto necesitamos de niños. Porque el llanto sana, desahoga, expresa y esta bien.
Darnos compasión, para volver la mirada amorosa a nuestros hij@s y a nosotros mismos.
Wendy Ortiz.
Psicóloga Clínica