02/03/2026
Un instante humano frente a siglos de silencio.
“La fotografía tiene un poder silencioso pero profundo: detener el tiempo. Como fotógrafos, tenemos la capacidad de hacer que un instante —que de otro modo sería efímero— perdure para siempre. Esa es, quizá, una de las mayores magias de este oficio.
Cada vez que viajaba a Quetzaltenango, esa pared me llamaba la atención. Había algo en su textura, en su fuerza y en la manera en que el tiempo había dejado huella en ella. Un día tuve la dicha de poder detenerme, cámara en mano, y simplemente esperar. Esperar a que la vida hiciera lo suyo.
Entonces pasó el bus. Su color, su movimiento y su mensaje contrastaban de forma perfecta con la solidez de la pared. En una fracción de segundo, todo se alineó. Ese instante irrepetible quedó atrapado en una imagen.
Esta fotografía es un recordatorio de que, cuando estamos atentos, la belleza se presenta sin avisar… y nuestra misión es estar listos para hacerla eterna. (p.s. Con el tiempo consulté con un geólogo sobre la pared y me informó que era basalto tubular…lava petrificada de cientos de miles de años!)”.