25/11/2025
Muchos millennials crecieron creyendo que podían planear su vida con precisión: estudiar, conseguir un buen trabajo, estabilizarse y luego, con calma, pensar en tener hijos. Pero la realidad terminó moviendo el piso. La generación que llegó a la adultez en medio de crisis económicas, empleos inestables y viviendas cada vez más caras decidió postergar la maternidad y la paternidad para cuando "todo estuviera en orden". Ese momento, para muchos, nunca llegó.
El retraso no solo fue una elección práctica; también fue cultural. La libertad personal, el desarrollo profesional y la búsqueda de seguridad económica pesaron más que la presión social por formar una familia joven. Sin embargo, la biología no siempre acompaña esos planes. Hoy muchos se encuentran con dificultades inesperadas: fertilidad reducida, tratamientos costosos y una ventana de tiempo más estrecha de lo que imaginaron.
A eso se suman otros factores: horarios laborales exigentes, falta de apoyo estatal, altos precios de guarderías y el temor a no poder ofrecer estabilidad a un futuro hijo. El resultado es una generación que, aun deseando formar una familia, enfrenta obstáculos que no vio venir.
En cierto modo, los millennials no decidieron tener menos hijos; la vida, con sus ritmos y presiones, terminó decidiendo por ellos.
📚 Fuente:
- "Only a quarter of millennials who want children are trying for them", University College London