31/03/2026
La fiebre es una respuesta universal ante las infecciones. Es un mecanismo de adaptación que sirve para luchar contra la infección, disminuye la reproducción de los microbios y aumenta la respuesta inflamatoria.
Cuando se produce una infección, las células de defensa de nuestro organismo (leucocitos), luchan contra el agente invasor produciendo una serie de moléculas (citoquinas o pirógenos endógenos) que al viajar por la sangre llegan al centro termorregulador del hipotálamo el cual cambia la temperatura de su termostato. Por eso, al principio, se suele notar frío intenso incluso a veces acompañado de escalofríos y posteriormente calor y sudoración profusa que son manifestaciones del cambio en la temperatura corporal.
Como regla general, cuando la fiebre sea bien tolerada no es necesario intervenir. Es recomendable comenzar a tratar la fiebre por encima de los 38ºC, especialmente en el caso de personas con otras enfermedades como diabetes, insuficiencia renal, cardiaca o personas especialmente vulnerables.
Las temperaturas que superan los 41ºC, raramente, son de origen infeccioso, por lo que se debe buscar la asesoría médica.
Fuente: Clínica Universidad de Barcelona