04/08/2020
Al hablar de codependencia, resulta necesario profundizar en el tema de las relaciones tóxicas, esas relaciones en las que posiblemente existe exceso de cercanía, esa que asfixia, aquella que llega a lastimar.
A veces puede tratarse de una relación ambivalente, inestable, confusa, pero de la cual se añora una dinámica distinta. Puede ser por ejemplo un padre o madre que no estuvo y no está disponible emocionalmente, puede que se haya tenido que tomar el rol de padre/o madre con el propio progenitor, puede ser una madre castrante, un padre crítico, un hermano que se vuelve rival, un familiar adicto, una pareja, etc.
Este tipo de relaciones se vuelve una tarea extenuante, difícil y sumamente triste; ya que el camino es empedrado, cuesta arriba y con frecuencia salimos heridos. Por eso hago la analogía con el Monte Everest... pocos pueden subirlo y muchos mueren en el intento.
Al hacer esta comparación intento promover una reflexión, no con el ánimo de quitar mérito a las personas valientes que han conquistado una misión heroica como esta, sino con el objetivo de explicar lo importante que es reconocer hasta donde podemos llegar, el reconocer la diferencia entre aquello que si y no podemos controlar.
En una relación tóxica y codependiente, nos mueve el ideal de lo que podríamos tener y en el intento...en lugar de subir la montaña con frecuencia nos la echamos en la espalda con un equipaje lleno de culpas, manipulación, decepción, frustración, control, etc.
El proceso de sanación que nos lleva de la codependencia a la interdependencia consiste en reconocer que hay algunos montes que simplemente no podemos subir y eso está bien...Este camino nos lleva a la “aceptación radical” a la libertad de reconocer que hay necesidad de poner límites, tomar cierta distancia y aún así amar profundamente y desear lo mejor a esa persona.
La libertad consiste en observar ese “Monte Everest” con amor, empatía y aceptación radical... desde cierta distancia, esa que nos da la libertad emocional de aprender a soltar y nos lleva a encontrar y abrir los propios caminos.
¿Tienes un Monte Everest?
¿Te atreves a cambiar el rumbo?