27/02/2026
Hoy nos reunimos con un corazón que late entre la alegría por su merecida jubilación y la tristeza de ver partir a dos de los pilares más sólidos de nuestra comunidad educativa: el Profesor Francisco Rosalio Orantes Pérez y la Seño Celvy Rosalía Mateo Cano. Sus nombres no serán solo recuerdos en los pasillos de nuestras escuelas, sino faros que iluminarán el camino de todas las generaciones que tuvieron la suerte de aprender bajo su guía.
PROF. FRANCISCO ORANTES PÉREZ
Veintidós años de servicio que comenzaron en tierras donde nuestra patria cobra forma palpable: la Aldea Sebep de San Mateo Ixtatán, un lugar donde la educación se construye con esfuerzo y dedicación, donde cada aula es un refugio de sabiduría en medio de la naturaleza fría que identifica el lugar. Durante 13 años, el Profesor Francisco sembró conocimientos en corazones jóvenes, adaptándose a las necesidades de una comunidad que valora la enseñanza como la única vía para el progreso.
Luego, 6 años en la Aldea Chichinabaj de La Democracia le permitieron ampliar su legado, tocando vidas que hoy forman parte de la columna vertebral de esa localidad. Finalmente, sus últimos 3 años los compartió con nosotros en la Escuela Urbana Miguel Ángel Gordillo Guillén de San Antonio Huista, donde su experiencia se convirtió en un ejemplo para compañeros y alumnos por igual.
SEÑO CELVY MATEO CANO:
Treinta y cuatro años de entrega que hacen de la Seño Celvy una verdadera constructora de sueños. Su trayectoria comenzó en la Aldea La Trinidad, Nentón, otro rincón donde se puede ver la Guatemala profunda, donde la educación trasciende las paredes de las aulas para llegar a cada hogar. Durante 6 años, ella llevó la luz del conocimiento a niños y niñas que hoy reconocen en ella a la maestra que cambió sus vidas.
Posteriormente, 4 años en el Caserío Ixmal, Aldea Rancho Viejo le permitieron fortalecer su vínculo con las comunidades más remotas, demostrando que la distancia no es un obstáculo para quienes aman la enseñanza. Y desde hace 18 años, ha sido parte fundamental de nuestra escuela, donde su paciencia, cariño y profesionalismo han marcado a generaciones enteras de estudiantes que hoy caminan por el mundo con valores sólidos.
UN LEGADO QUE TRASCIENDE
¿Cuántas generaciones de alumnos pasaron por sus aulas? Es imposible contarlas con precisión, pero sabemos que cada uno de ellos lleva en su ser el sello de su dedicación. Muchos hoy son padres y madres que enseñan a sus propios hijos los valores que aprendieron con ustedes; algunos incluso han seguido sus pasos y se han convertido en maestros, llevando adelante la misión que ustedes iniciaron en rincones lejanos de nuestro país.
¿Cuántas satisfacciones tuvieron en las comunidades donde aportaron su granito de arena? Cada niño que aprendió a leer, cada joven que decidió continuar sus estudios, cada familia que encontró en la educación una esperanza para el futuro, es una satisfacción que nadie podrá quitarles. Aunque las autoridades no hayan podido brindarles el reconocimiento material que se merecen, ustedes se llevan algo mucho más valioso: la certeza de haber contribuido a construir una Guatemala mejor, una vida a la vez.
Hoy nuestra escuela se queda un poco más vacía sin su presencia, sin sus risas y su mando en los salones, sin su voz guía en los corredores. Pero también se queda más rica, porque han dejado huellas imborrables en nuestra institución y en todos los que tuvimos la fortuna de trabajar junto a ustedes.
Les deseamos con todo nuestro corazón que esta nueva etapa de sus vidas esté llena de paz, prosperidad y convivencia familiar. Que los proyectos que han soñado puedan realizarse plenamente y que Dios les bendiga en cada paso que den. Gracias por haber dicho presente todos estos años, por haber dado más de lo requerido y por demostrarnos que la educación es el regalo más grande que podemos ofrecer a nuestras generaciones futuras.