28/02/2026
Hace poquito fui de visita a casa de mami y, como siempre, me preparó un plato para que pudiera disfrutar de su comida. Mientras ella me daba de comer, yo la contemplaba… miraba cuánto su rostro ha ido cambiando con los años. Hay momentos que se sienten sagrados sin que nadie más lo note.
En medio de esa conversación tan nuestra, comenzó a decirme que el día anterior se había sentido muy cansada.
Y yo le respondí:
“Mami, pero no es para menos.”
Mi mamá ya tiene sus añitos. Es fuerte, pero también padece de fibromialgia. Y aunque siempre ha sido una mujer luchadora, el cuerpo comienza a hablar cuando los años pasan. La edad, de alguna manera, también puede convertirse en un impedimento… y más cuando hay condiciones de salud envueltas.
Ella me decía:
“Pero hay que seguir, porque si nos quedamos sin hacer nada, es peor.”
Y yo le dije:
“Exactamente.”
Mientras el cuerpo se pueda mover, no importando las condiciones, hay que seguir. Porque cuando dejamos de movernos, cuando dejamos de intentarlo, todo puede empeorar más rápido.
Y en ese momento entendí algo más profundo todavía…
Así como yo enfrento mi proceso, también hay personas entrando en edad que enfrentan el suyo. Con dolores silenciosos. Con diagnósticos. Con cansancio acumulado. Con valentía diaria.
La vida tiene etapas. Y cada etapa trae sus propias batallas.
Hoy puedo entender mejor a quienes envejecen con condiciones. Porque el cuerpo cambia, pero el espíritu quiere seguir.
🤍