16/05/2020
El hambre de piel y el ansia desesperada por el contacto humano
El "hambre de piel" es la necesidad biológica que tenemos por el contacto humano. Es por eso que a los bebés en unidades de cuidados intensivos neonatales se los coloca en el pecho desnudo de sus padres. Es la razón por la cual los prisioneros en confinamiento solitario a menudo informan que anhelan el contacto humano con tanta ferocidad como desean su libertad.
Cuando tocamos o nos tocan se estimulan receptores de presión en la piel que envían mensajes al nervio vago. A medida que aumenta la actividad vagal, el sistema nervioso se aquieta, la frecuencia cardíaca y la presión arterial disminuyen, las ondas cerebrales evidencian relajación, y los niveles de hormonas del estrés, como el cortisol, disminuyen. El contacto también produce oxitocina, la hormona liberada durante el s**o y el parto para fortalecer el vínculo. En otras palabras, el contacto humano es biológicamente beneficioso. Ser tocado hace que los humanos se sientan más tranquilos, más felices y más cuerdos.
La falta de contacto produce consecuencias muy negativas para nuestro bienestar, nos deterioramos física y emocionalmente. Los humanos somos criaturas inherentemente sociales. Nuestros cerebros y sistemas nerviosos están diseñados para hacer del tacto una experiencia agradable. La naturaleza diseñó esta modalidad sensorial para aumentar nuestra sensación de bienestar en entornos sociales. Esta característica sólo está presente en los animales sociales que necesitan estar juntos para optimizar sus posibilidades de supervivencia.
Antes de la pandemia de coronavirus, muchas naciones desarrolladas ya corrían el riesgo de convertirse en zonas libres de contacto, con las políticas de restricciones comunes actualmente en las escuelas e instituciones públicas, por razones de salvaguardia y litigios. Un estudio muestra que, al menos en público, prácticamente no hay contacto: el 98 % del tiempo las personas usan teléfonos celulares.
Con los protocolos de distanciamiento social vigentes en todo el mundo, quienes viven solos se encuentran soportando meses sin contacto humano. Esta es una ironía particularmente cruel, dado que el hambre de piel en realidad debilita nuestro sistema inmunológico, haciéndonos potencialmente más susceptibles al coronavirus, en el momento en que más necesitamos del contacto humano. El tacto es instrumental en la función inmune, porque reduce nuestros niveles de cortisol. Cuando los niveles de cortisol son altos, nuestro sistema inmunológico se agota: el cortisol mata las células asesinas naturales (células NK), un tipo de glóbulo blanco que ataca los virus. Se ha demostrado que el contacto humano aumenta las células NK en pacientes con VIH y cáncer.
Los científicos también están preocupados por las consecuencias para la salud mental del hambre de piel prolongada en aquellas personas aisladas en soledad, dado el hecho que una pandemia global es en sí misma una situación estresante y que provoca ansiedad. Cuando estamos en peligro o ansiedad, ser tocado es una forma de ayuda. La falta de contacto aumenta el estrés.
Al mover la piel aumentan los niveles de serotonina. Los bajos niveles de serotonina se han relacionado con insomnio, ansiedad y depresión. Si movemos la piel antes de acostarnos, tendremos un sueño más profundo, lo cual es crítico porque la sustancia P (un neurotransmisor que afecta la percepción del dolor, el estrés y nuestras respuestas emocionales) se emite durante el sueño profundo.
Estamos aprovechando mucho los avances tecnológicos para conectarnos durante la pandemia, pero la tecnología no puede sustituir el contacto piel a piel. Podemos mantener nuestras relaciones sociales a través de la tecnología, pero aunque estas tecnologías sean muy avanzadas en términos de representación visual y de audio, carecen del sentido del tacto. Actualmente no hay sistemas disponibles que nos permitan interactuar mediante el tacto. La tecnología háptica, comúnmente utilizada en los juguetes sexuales para imitar la sensación o en los videojuegos, no es lo suficientemente avanzada como para reproducir el vigor y la sutileza de, por ejemplo, un apretón de manos. Hasta ahora, no hay nada que nos permita reproducir una caricia.
Pero existen estrategias para reducir el hambre de piel en aquellas personas que están transitando el aislamiento en soledad: Hacer todo el ejercicio que puedan, o simplemente caminar por la habitación estimula los receptores de presión en los pies. Darse un masaje en el cuero cabelludo o frotarse crema hidratante en la cara. Todas estas son formas diferentes en que podemos mover la piel.
Y sin embargo, hay una cantidad limitada de clases de yoga por Zoom que podemos hacer para pasar el tiempo. En algún momento, debemos ceder al hambre de piel y aceptar que probablemente viviremos en una sociedad sin contacto hasta que tengamos una vacuna contra el coronavirus. E incluso después de ello, después de tanto tiempo tratándonos unos a otros como parias, ¿volverán realmente las cosas a ser como antes? Quizá el coronavirus nos empuje aún más a una sociedad sin contacto a largo plazo: cuando esto termine, mucha gente seguirá manteniendo el distanciamiento social.
Sirin Kale para https://www.wired.co.uk/
Traducción, edición y selección de textos: Silvia Mamana
Leer el artículo completo en inglés en https://bit.ly/3fUihuU