Gloria al señor

Gloria al señor Un lugar donde estaremos más cerca de ti , con Dios , Jesus y María

LITURGIA 13 de Enero del 2026Ciclo C- Año par - Color  Verde 1ª Semana del tiempo OrdinarioLectura del Santo Evangelio s...
12/01/2026

LITURGIA 13 de Enero del 2026
Ciclo C- Año par - Color Verde
1ª Semana del tiempo Ordinario

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 1,21b-28.
Jesús entró a Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar.
Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar:
"¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".
Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre".
El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!".
Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
Palabra del Señor.

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

¿Sabemos cómo usar el poder de la autoridad que nos ha sido confiada?

Todos nosotros, de una u otra manera, hemos recibido cierta medida de autoridad: en el hogar, en el trabajo, en nuestras comunidades y en nuestras relaciones. Los padres, en particular, reciben una autoridad inherente sobre sus hijos. Sin embargo, con el paso del tiempo, vemos cómo esta autoridad puede ir perdiendo fuerza e influencia, especialmente cuando no somos fieles ni responsables al ejercerla.

Cuando no lideramos con el ejemplo, cuando no practicamos lo que predicamos y cuando no sabemos corregir con amor y disciplina, nuestra autoridad va perdiendo gradualmente su poder.

En lo profundo de nuestro corazón, quizá todos llevamos un deseo oculto de tener el control, de ser escuchados, de tener influencia. ¿Quién de nosotros no quiere ser escuchado? ¿Quién no quiere ser importante? Sin embargo, cuando no sabemos usar correctamente la autoridad, esta puede convertirse en una bomba de tiempo: algo que puede herir a los demás y, finalmente, destruirnos a nosotros mismos.

Entonces, ¿cómo deberíamos usar la autoridad que se nos ha confiado? Estamos llamados a ejercerla con templanza, mansedumbre y humildad. No está destinada a ser usada para abusar del poder o alimentar la arrogancia, sino para convertirse en un instrumento de amor, sanación y guía.

Cuando miramos a Jesús, vemos el modelo perfecto. Él hablaba con autoridad, pero su autoridad siempre estaba revestida de misericordia y humildad. Aunque tenía poder y dominio sobre todo, nunca lo utilizó por razones egoístas o de orgullo. Al contrario, usó su autoridad para sanar con ternura a los heridos, guiar pacientemente a los perdidos y confundidos, y devolver la esperanza a los corazones que estaban a punto de rendirse.

Como seguidores de Cristo, estamos invitados a examinar nuestro propio corazón. Cuando se nos confía autoridad —ya sea como padres, líderes, maestros o simplemente como personas que influyen en otros—, ¿la usamos para edificar o para destruir? ¿La usamos para servir o para ser servidos?

¿Estamos utilizando la autoridad que se nos ha confiado como el Señor usa la suya —con humildad, misericordia y amor— o la estamos usando para satisfacer nuestro orgullo y deseo de control?

LITURGIA 12 de Enero del 2026Ciclo C- Año par - Color  Verde 1ª Semana del tiempo OrdinarioLectura del Santo Evangelio s...
11/01/2026

LITURGIA 12 de Enero del 2026
Ciclo C- Año par - Color Verde
1ª Semana del tiempo Ordinario

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 1,14-20.
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: "El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia". Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores.
Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.
Palabra del Señor.

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Un padre solía llamar siempre a sus hijos para que regresaran a casa a almorzar mientras jugaban frente a su hogar. En el momento en que los niños escuchaban su voz, recogían de inmediato sus cosas y respondían a su llamado. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que él es su padre: quien cuida de ellos, los alimenta y les dedica su tiempo con amor.

De manera muy similar, los primeros discípulos respondieron al llamado de Jesús. Ellos sabían algo que nosotros muchas veces olvidamos o no logramos reconocer; por eso fueron capaces de dejarlo todo y seguirlo. Jesús no les prometió nada con palabras.

Sin embargo, quizá ya les hablaba en silencio al corazón: que, si respondían, obtendrían una nueva perspectiva de la vida e incluso de la eternidad. Tal vez confiaron en que, si lo seguían, Él cuidaría de ellos por el resto de sus vidas.

Y ahora, ese mismo Jesús nos está llamando a nosotros.

¿Qué es lo que nos impide responder a su llamado? ¿Tenemos miedo de perder nuestra seguridad económica? ¿Tenemos miedo de dejar atrás a nuestra familia y a nuestros amigos? ¿Tenemos miedo de abandonar un estilo de vida pecaminoso que ya se ha vuelto parte de nuestra rutina diaria? Somos solo peregrinos en un viaje temporal por este mundo. Todo lo material que hoy poseemos es pasajero y fugaz; un día, lo dejaremos todo atrás.

Jesús sigue llamándonos a seguirlo y a dejar aquello mundano y pecaminoso a lo que nos aferramos. Su llamado sigue siendo el mismo: «Sígueme y deja atrás tu vida de pecado. Sígueme y comienza a vivir una vida plena, en paz y verdaderamente significativa».

Tal vez Jesús no nos esté pidiendo dejar el lugar en el que estamos o cambiar nuestro entorno. Tal vez nos esté pidiendo algo más profundo y más difícil: seguirlo allí donde estamos, dejando atrás el pecado que hoy ata nuestro corazón. Y con ternura nos asegura: «No tengas miedo. Yo cuidaré de ti. Nunca te dejaré solo».

Así que hoy, al escuchar nuevamente su voz que nos llama, ¿a qué seguimos aferrados? ¿Qué redes, comodidades o pecados tenemos miedo de dejar atrás? ¿Estamos finalmente listos para confiar lo suficiente en Él, levantarnos, seguirlo y dejar que nos conduzca a la vida que nos ha prometido?

LITURGIA 11 de Enero del 2026Ciclo C- Año par - Color  Blanco Bautismo del SeñorLectura del Santo Evangelio según San Ma...
10/01/2026

LITURGIA 11 de Enero del 2026
Ciclo C- Año par - Color Blanco
Bautismo del Señor

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 3,13-17.
Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él.
Juan se resistía, diciéndole: "Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!".
Pero Jesús le respondió: "Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo". Y Juan se lo permitió.
Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él.
Y se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección".
Palabra del Señor.

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Si nos preguntaran: “¿Cuándo fuiste bautizado?”, muchos de nosotros quizá no podríamos responder de inmediato. Tal vez tendríamos que buscar nuestro certificado de Bautismo —si es que aún conservamos una copia—. ¿Y qué pasaría si ya no la tenemos?

A diferencia de nuestros cumpleaños, que nunca dejamos de recordar cada año, con frecuencia olvidamos el día de nuestro bautismo; y, sin embargo, ese día es mucho más importante que el día en que nacimos a este mundo. En el Bautismo, nacimos de nuevo por el agua y el Espíritu Santo.

Fue en ese día sagrado cuando nos convertimos en hijos de Dios, miembros de la Iglesia y partícipes de la misión de Jesús. Desde ese momento, nuestra vida ya no estaba destinada a vivirse solo para nosotros mismos, sino para Dios y para los demás. Como cristianos bautizados, estamos llamados a proclamar humildemente y a vivir las enseñanzas de Jesús y de su Iglesia.

En el Evangelio, vemos al mismo Jesús entrando en las aguas del Jordán para ser bautizado por Juan. Juan dudó y dijo: “Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?”. Estaba lleno de asombro, pues sabía que estaba ante el Salvador, el Santo de Dios.

¿Por qué Jesús, el Hijo de Dios, elegiría ser bautizado por un hombre común? ¿Por qué no comenzar simplemente su misión de inmediato? Sin embargo, Jesús insistió, porque su bautismo fue el signo de que su misión de amor, obediencia y entrega total había comenzado verdaderamente. En ese momento, el cielo se abrió. El Espíritu Santo descendió sobre Él, y se oyó la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

Desde ese día, Jesús comenzó su ministerio público. Proclamó la Buena Noticia, sanó a los enfermos, levantó a los afligidos, alimentó a los hambrientos y llevó esperanza a los que no la tenían. Y al final, no rehuyó el sufrimiento, sino que ofreció su vida completamente por amor a nosotros.

Hermanos y hermanas, nuestro propio bautismo nos unió a este mismo Jesús y a esta misma misión. También nosotros fuimos ungidos, elegidos y enviados. Nuestro bautismo no fue solo un momento del pasado; es un llamado que sigue resonando hoy en nuestros corazones.

Por eso, detengámonos y preguntémonos: ¿Estamos viviendo verdaderamente como personas bautizadas? ¿Estamos llevando fielmente la misión de Cristo en la manera en que amamos, servimos y perdonamos? ¿O se ha convertido nuestro bautismo solo en una fecha olvidada, en lugar de un compromiso vivo?

LITURGIA 10 de Enero del 2026Ciclo C- Año par - Color  Blanco 6º día después de la Epifanía del Señor. Lectura del Santo...
09/01/2026

LITURGIA 10 de Enero del 2026
Ciclo C- Año par - Color Blanco
6º día después de la Epifanía del Señor.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan 3: 22-30.
Después de esto vino Jesús con sus discípulosa a la tierra de Judea, y estaba allí con ellos, y bautizaba. Juan también bautizaba en Enón, cerca de Salim, porque allí había mucha agua; y muchos venían y eran bautizados. Porque Juan todavía no había sido metido en la cárcel. Surgió entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificacióna. Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, mira, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien diste testimonio, está bautizando y todos van a Él. Respondió Juan y dijo: Un hombre no puede recibir nada si no le es dado del cielo. Ustedes mismos me son testigos de que dije: «Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de Él». El que tiene la novia es el novio, pero el amigo del novio, que está allí y le oye, se alegra en gran manera con la voz del novio. Y por eso, este gozo mío se ha completado. Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya.

Palabra del Señor.

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

¿Estaríamos dispuestos a disminuir para que Jesús crezca? ¿Estaríamos dispuestos a permanecer como trabajadores anónimos en la viña del Señor, satisfechos de servir incluso cuando nadie nota nuestro esfuerzo?

Juan el Bautista no tuvo ninguna inseguridad frente a Jesús, porque sabía perfectamente cuál era su lugar en el plan de la salvación. Sabía quién era él y, más importante aún, sabía quién es Jesús. Cuando le dijeron que Jesús estaba bautizando y que todos acudían a Él, no se sintió amenazado ni compitió por llamar la atención. Al contrario, dijo serenamente: «Ustedes mismos pueden dar testimonio de que dije: yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de Él» (Juan 3,28).

Y entonces nos regaló una de las imágenes más hermosas del discipulado humilde: «El que tiene a la esposa es el esposo; el amigo del esposo, que está a su lado y lo escucha, se llena de alegría al oír la voz del esposo. Por eso, esta alegría mía ha llegado a su plenitud. Es necesario que Él crezca y que yo disminuya» (Juan 3,29–30).

Juan nunca fue tentado a eclipsar a Jesús, ni siquiera cuando tuvo una clara oportunidad para hacerlo. Sabía muy bien que su papel era ser el amigo del esposo, cuyo esposo es Jesús. Comprendió que su misión era simplemente preparar el camino para Él, y cumplió esa misión con profunda alegría y gran humildad. Para Juan, era suficiente que Cristo fuera conocido, amado y seguido, aun cuando él mismo quedara en segundo plano.

¿No es esta también nuestra vocación? Nosotros también somos enviados no para atraer la atención hacia nosotros, sino para señalar a otros hacia Jesús. Nosotros también estamos invitados a alegrarnos no por nuestra propia importancia, sino por el triunfo de la voluntad de Dios. La verdadera alegría no se encuentra en ser vistos, elogiados o recordados, sino en saber que Cristo crece en los corazones de aquellos a quienes servimos.

¿Estamos dispuestos a hacernos a un lado, a ser olvidados si es necesario, para que Jesús sea visto con mayor claridad en nuestras vidas? ¿Estamos preparados para disminuir, para que solo Él crezca en nosotros y por medio de nosotros?

LITURGIA 09 de Enero del 2026Ciclo A- Color Blanco 5º día después de la Epifania del Señor Lectura del Santo Evangelio s...
08/01/2026

LITURGIA 09 de Enero del 2026
Ciclo A- Color Blanco
5º día después de la Epifania del Señor

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 5,12-16.
Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante él y le rogó: «Señor, si quieres, puedes purificarme».�Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado». Y al instante la lepra desapareció.�El le ordenó que no se lo dijera a nadie, pero añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio».�Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades.�Pero él se retiraba a lugares desiertos para orar.
Palabra del Señor

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

¿Por qué Jesús curó al leproso? Fue curado porque se humilló ante Jesús. El leproso le rogó humildemente a Jesús que lo sanara de su terrible y contagiosa enfermedad (Lucas 5:12). ¿Qué más hizo el enfermo? Lloraba mientras le suplicaba a Jesús que lo sanara.
En su humanidad, quizás Jesús también desconfiaba de la enfermedad contagiosa del hombre. Pero al ver la humildad del enfermo, de repente, abandonó las precauciones. Extendió la mano y lo tocó, y en ese instante, Jesús lo sanó al instante. Su acto de humildad facilitó la gracia de la sanación.
Habrá momentos en que también nos enfermaremos, pues esta es la realidad de la vida. A medida que envejecemos, nos volvemos más vulnerables a las enfermedades. ¿Nos humillaríamos también ante Jesús? ¿Lloraríamos también mientras le suplicamos que nos sane? Claro que lo haremos para que Jesús nos sane.
Sin embargo, no siempre recibiremos sanidad de Jesús. Llegará el momento en que llegaremos al final de nuestra travesía temporal en este mundo. Finalmente, dejaremos de respirar. ¿Qué haremos entonces? ¿Deberíamos dejar de orar? ¡Claro que no! Mientras tengamos consciencia, seguiremos suplicando a Jesús.
Ya no por sanación, sino por misericordia y perdón de nuestros muchos pecados. No esperemos ese momento, pues podría tardar años. Hagámoslo ahora, mientras aún gozamos de salud, roguémosle a Jesús su misericordia y perdón, pues sin duda nos los concederá. La mejor manera de lograrlo es someternos humildemente al sacramento sanador de la Reconciliación.
Te someterás al sacramento sanador de la Reconciliación?

LITURGIA 08 de Enero del 2026Ciclo A- Color Blanco 4º día después de la Epifania del Señor Lectura del Santo Evangelio s...
07/01/2026

LITURGIA 08 de Enero del 2026
Ciclo A- Color Blanco
4º día después de la Epifania del Señor

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 4,14-22a.
Jesús volvió a Galilea con el poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región.
Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca.
Palabra del Señor

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

¿Estamos viviendo y cumpliendo nuestra misión bautismal?

Todos tenemos una misión en nuestra existencia. No somos simples vapores que pasan por este mundo; somos seres humanos creados con un propósito y llamados por Dios. A través del Sacramento del Bautismo, fuimos ungidos y enviados a participar en la misión de Jesús. Pero ¿hemos vivido realmente esta misión? ¿Hemos compartido Su Palabra en la Biblia? ¿Hemos salido al encuentro de los pobres, los hambrientos, los oprimidos y los que no tienen hogar, no solo con palabras, sino con actos concretos de amor?

De vez en cuando, necesitamos detenernos y examinar honestamente nuestras vidas. Porque podemos estar viviendo, muchas veces sin darnos cuenta, según lo que este mundo nos dicta. El mundo nos invita constantemente a buscar la autosatisfacción y a perseguir la acumulación interminable de bienes materiales, como si estos fueran la verdadera medida de una vida exitosa.

¿Qué nos sucede cuando abrazamos los caminos de este mundo y poco a poco, quizás incluso de manera deliberada, olvidamos las enseñanzas de Jesús? Puede que sigamos caminando y respirando, pero en lo más profundo comenzamos a perder nuestro verdadero propósito y dirección.

Dios no nos creó para convertirnos en simples criaturas de este mundo. No nos creó únicamente para acumular riquezas. Nos creó para compartir los dones materiales y espirituales que hemos recibido. Dios no nos creó para modelar nuestras vidas según los valores de este mundo; nos creó para modelarlas según la vida de Jesús.

Esforcémonos, entonces, por vivir la vida de Cristo y difundir Sus enseñanzas, no solo con nuestros labios, sino con toda nuestra vida. Hay recompensas mucho mayores y más duraderas en seguirlo a Él que en abrazar los caminos del mundo. Porque las satisfacciones mundanas son pasajeras y están llenas de problemas, recubiertas de un azúcar engañoso de placeres atractivos: placeres que no duran, placeres que solo nos conducen a una esclavitud más profunda del pecado, y placeres que finalmente dejan nuestro corazón más vacío que antes.

¿Estamos viviendo verdaderamente nuestra misión bautismal, o solo vivimos para nosotros mismos y para este mundo pasajero? Y si Cristo mirara ahora mismo dentro de nuestros corazones, ¿reconocería en nosotros a Sus fieles discípulos?

LITURGIA 06 de Enero del 2026Ciclo A- Color Blanco 2º día después de la Epifania del Señor Lectura del Santo Evangelio s...
06/01/2026

LITURGIA 06 de Enero del 2026
Ciclo A- Color Blanco
2º día después de la Epifania del Señor

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 6,45-52.
Después que los cinco mil hombres se saciaron, en seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud.
Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar.
Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra.
Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo.
Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló enseguida y les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".
Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.
Palabra del Señor

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

¿Tenemos el hábito de apartar cada día un tiempo para estar a solas con Dios en la oración?

En el ajetreo y la agitación de la vida, muchos de nosotros nos encontramos constantemente en movimiento, siempre ocupados y siempre cansados. Con demasiada frecuencia, la oración se convierte en lo primero que dejamos de lado. Y aun cuando encontramos un momento, no siempre oramos con recogimiento y reflexión. Oramos porque sentimos que debemos hacerlo, y poco a poco la oración se vuelve rutina: mecánica, más que nacida del corazón.

Después de alimentar a más de cinco mil personas, Jesús subió al monte Él solo para orar. Aunque es el Hijo de Dios, Jesús reconocía el lugar vital que la oración tenía en su vida. Sabía perfectamente que una vida sin oración es vacía, sin rumbo y superficial.

Por eso se retiró al monte a orar. Allí, en el silencio y la soledad, buscó la guía y la fortaleza del Padre para continuar su ministerio. Como Jesús, ¿pedimos en oración la guía y la fuerza de Dios al enfrentar nuestros desafíos, responsabilidades y luchas diarias?

Todo lo que hacemos en este mundo —por importante que parezca— algún día pasará. Llegará el momento en que lo dejaremos todo atrás, y mucho de ello incluso será olvidado. Pero las oraciones que ofrecemos cada día nos sostendrán en la rutina diaria de la vida. Nos dan firmeza, nos fortalecen y mantienen nuestro corazón anclado en Dios.

Y esas mismas oraciones diarias, ofrecidas en momentos de silencio y recogimiento con el Señor, van moldeando poco a poco nuestra alma. Un día, se convertirán en la llave que abrirá la puerta del cielo.

¿Estamos dispuestos a alejarnos del ruido de la vida, a subir a nuestra propia “montaña” y a encontrarnos con Dios en la oración, no por obligación, sino por amor y confianza?

LITURGIA 06 de Enero del 2026Ciclo A- Color Blanco 2º día después de la Epifania del Señor  Lectura del Santo Evangelio ...
05/01/2026

LITURGIA 06 de Enero del 2026
Ciclo A- Color Blanco
2º día después de la Epifania del Señor

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 6,34-44.
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto, y ya es muy tarde.
Despide a la gente, para que vaya a las poblaciones cercanas a comprar algo para comer".
El respondió: "Denles de comer ustedes mismos". Ellos le dijeron: "Habría que comprar pan por valor de doscientos denarios para dar de comer a todos".
Jesús preguntó: "¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver". Después de averiguarlo, dijeron: "Cinco panes y dos pescados".
El les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta.
Entonces él tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente.
Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado.
Los que comieron eran cinco mil hombres.
Palabra del Señor

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Cuando Jesús vio a la gran multitud que lo seguía con insistencia, se conmovió profundamente de compasión. Esa compasión brotaba de su amor infinito por el pueblo. Y de ese amor nació la acción: Jesús no solo sintió compasión, sino que dejó que esta lo impulsara a actuar. Con solo cinco panes y dos peces, alimentó a todos, y aún sobró en abundancia.

Así es como Jesús nos ama: con un corazón lleno de compasión y con un amor vivo y activo. Sin embargo, ¿somos realmente conscientes de este amor que Él ha derramado sobre nosotros durante todos estos años? ¿Nos detenemos a reconocer la profundidad de su amor y la ternura de su compasión por nosotros? Jesús alimentó a más de cinco mil personas no solo para saciar su hambre, sino porque los amaba, y nos ama a nosotros de la misma manera.

Hay momentos —quizás muchas veces— en los que olvidamos este amor infinito de Jesús. Pero incluso cuando nosotros lo olvidamos, su amor nunca se desvanece. Su compasión permanece siempre presente, esperando pacientemente nuestro regreso. Está siempre ahí para que la recibamos y la hagamos nuestra, entregada libremente, sin precio que pagar ni rescate que ofrecer.

Reclamemos, entonces, este don inestimable del amor estando presentes en la Celebración Eucarística, la Santa Misa. Allí Jesús nos espera, dispuesto a alimentarnos, sanarnos y llenar nuestros corazones vacíos y, a veces, extraviados.

¿Acudimos a la Eucaristía solo por costumbre, o vamos con el corazón abierto y dispuesto a recibir la compasión amorosa de Jesús, que anhela llenarnos una vez más?

LITURGIA 05 de Enero del 2026Ciclo A- Color Blanco 1er Día después de la Epifania del Señor  Lectura del Santo Evangelio...
04/01/2026

LITURGIA 05 de Enero del 2026
Ciclo A- Color Blanco
1er Día después de la Epifania del Señor

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 4,12-17.23-25.
Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones!
El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.
A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".
Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.
Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba.
Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.
Palabra del Señor

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En medio de la oscuridad, la luz nos da esperanza. Nos ofrece algo a lo cual aferrarnos y algo que esperar. Cuando todo parece incierto y abrumador, la luz nos recuerda que la oscuridad no tiene la última palabra.

Así hablaba el profeta Isaías de Jesús en el Antiguo Testamento: una luz prometida que brilla sobre quienes caminan en tinieblas. En el Nuevo Testamento, esa promesa se cumplió, pues la luz se hizo una realidad viva en la persona de Jesús.

Jesús llamó entonces y sigue llamando hoy a la conversión. Proclamó el Evangelio y sanó a quienes estaban cargados de enfermedades espirituales y físicas. Entró en el sufrimiento humano con compasión y amor, restaurando no solo los cuerpos, sino también los corazones y las almas heridas.

Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre. Él sigue siendo la luz de nuestras vidas incluso ahora. Continúa sanándonos de nuestras muchas enfermedades, de nuestras heridas y de nuestras rupturas interiores. Y sigue llamándonos con amor a apartarnos del pecado y a volver a Dios.

Seamos cuidadosos de no cometer el error de buscar nuestra luz y nuestra esperanza en este mundo. El mundo puede ofrecer consuelo, éxito o una felicidad pasajera, pero nunca puede darnos una esperanza verdadera y duradera.

Cuando ponemos nuestra confianza en las cosas del mundo, tarde o temprano nos encontramos vacíos e inquietos. Anclar nuestra esperanza y nuestra felicidad en este mundo es un grave error, que poco a poco aleja nuestro corazón de Dios.

Aprendamos, más bien, a discernir la voz de Jesús, que continuamente nos llama a seguirlo. Elijámoslo como la verdadera esperanza y la luz de nuestras vidas, hoy y siempre. Nunca nos equivocaremos cuando escuchemos su voz: una voz que nos llama a la conversión, a dejar el pecado y a caminar fielmente por el camino de la vida nueva.

¿Dónde estamos poniendo hoy nuestra esperanza: en las luces que se apagan de este mundo o en Jesús, la Luz verdadera, que es el único capaz de sacarnos de la oscuridad y conducirnos a la vida eterna?.

LITURGIA 04 de Enero del 2026Ciclo A- Color Blanco Epifania del Señor  Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 2,1-1...
03/01/2026

LITURGIA 04 de Enero del 2026
Ciclo A- Color Blanco
Epifania del Señor

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 2,1-12.
Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén
y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo".
Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén.
Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías.
"En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel".
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: "Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje".
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño.
Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.
Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

¿Qué podemos darle a Jesús este 2026?

Al encontrarnos en el umbral de este nuevo año, vale la pena preguntarnos: ¿qué podemos darle a Jesús este 2026? Tal vez el mayor regalo que podemos ofrecerle sea nuestra confianza plena y una fe inquebrantable. En un mundo lleno de incertidumbre y ruido, decidir confiarle completamente nuestra vida ya es un poderoso acto de amor.

Otro regalo precioso que podemos darle a Jesús es nuestro deseo constante de Él. Podemos decir que ya lo conocemos, pero en lo más profundo sabemos que conocer a Jesús es un camino que nunca termina.

Mientras vivamos, estamos llamados a seguir buscándolo con un corazón anhelante. Porque cuanto más hambre tenemos de Jesús, más descubrimos quién es Él en realidad. Y cuanto más lo anhelamos, más crecemos en intimidad con Él.

Los Magos nos enseñan esta santa perseverancia. No detuvieron su búsqueda del Niño Jesús hasta encontrarlo. En el camino, seguramente enfrentaron dificultades e incertidumbres, pero nada los detuvo. Cuando finalmente lo encontraron, le rindieron homenaje con humildad, se postraron ante Él y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra, regalos que reflejaban su reverencia, entrega y amor.

Como los Magos, sigamos buscando a Jesús hasta encontrarlo verdaderamente. Y cuando lo hagamos, permitámosle habitar en nuestros corazones, no solo por un momento, sino para siempre. Con seguridad lo encontraremos si lo buscamos con sinceridad. Y una vez que lo encontremos, ofrezcámosle lo mejor de nosotros mismos, en silencio y con humildad, sin buscar reconocimiento ni aplausos, conocidos solo por nosotros y por Jesús.

Si somos padres, podemos preguntarnos: ¿cuál es el mejor regalo que podemos darle a Jesús? Tal vez sea guiar a nuestros hijos hacia Él. Llevémoslos a la celebración de la Santa Misa. Ayudémoslos a encontrarse con Jesús a través de la Sagrada Escritura y enseñémosles a rezar el Santo Rosario, sembrando semillas de fe que un día darán fruto.

¿Qué más podemos darle a Jesús? Podemos ofrecerle nuestro tiempo y nuestros bienes cuidando de los pobres, de los que sufren y de los rechazados, porque Jesús siempre está presente en ellos. ¿Qué más podemos darle? Podemos ofrecerle nuestra vida, apartándonos del pecado y de todo aquello que nos separa de su amor. ¿Qué más podemos hacer por Jesús? Podemos llevar a otros hacia Él, no solo con nuestras palabras, sino con la manera en que vivimos sus enseñanzas cada día.

Mientras este nuevo año se abre ante nosotros, detengámonos y escuchemos la silenciosa invitación del Señor. Con el corazón abierto y dispuesto, preguntémonos:

¿Qué le daremos verdaderamente a Jesús este 2026, no por obligación, sino por amor?

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