12/01/2026
LITURGIA 13 de Enero del 2026
Ciclo C- Año par - Color Verde
1ª Semana del tiempo Ordinario
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 1,21b-28.
Jesús entró a Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar.
Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar:
"¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".
Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre".
El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!".
Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
Palabra del Señor.
Reflexión
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
¿Sabemos cómo usar el poder de la autoridad que nos ha sido confiada?
Todos nosotros, de una u otra manera, hemos recibido cierta medida de autoridad: en el hogar, en el trabajo, en nuestras comunidades y en nuestras relaciones. Los padres, en particular, reciben una autoridad inherente sobre sus hijos. Sin embargo, con el paso del tiempo, vemos cómo esta autoridad puede ir perdiendo fuerza e influencia, especialmente cuando no somos fieles ni responsables al ejercerla.
Cuando no lideramos con el ejemplo, cuando no practicamos lo que predicamos y cuando no sabemos corregir con amor y disciplina, nuestra autoridad va perdiendo gradualmente su poder.
En lo profundo de nuestro corazón, quizá todos llevamos un deseo oculto de tener el control, de ser escuchados, de tener influencia. ¿Quién de nosotros no quiere ser escuchado? ¿Quién no quiere ser importante? Sin embargo, cuando no sabemos usar correctamente la autoridad, esta puede convertirse en una bomba de tiempo: algo que puede herir a los demás y, finalmente, destruirnos a nosotros mismos.
Entonces, ¿cómo deberíamos usar la autoridad que se nos ha confiado? Estamos llamados a ejercerla con templanza, mansedumbre y humildad. No está destinada a ser usada para abusar del poder o alimentar la arrogancia, sino para convertirse en un instrumento de amor, sanación y guía.
Cuando miramos a Jesús, vemos el modelo perfecto. Él hablaba con autoridad, pero su autoridad siempre estaba revestida de misericordia y humildad. Aunque tenía poder y dominio sobre todo, nunca lo utilizó por razones egoístas o de orgullo. Al contrario, usó su autoridad para sanar con ternura a los heridos, guiar pacientemente a los perdidos y confundidos, y devolver la esperanza a los corazones que estaban a punto de rendirse.
Como seguidores de Cristo, estamos invitados a examinar nuestro propio corazón. Cuando se nos confía autoridad —ya sea como padres, líderes, maestros o simplemente como personas que influyen en otros—, ¿la usamos para edificar o para destruir? ¿La usamos para servir o para ser servidos?
¿Estamos utilizando la autoridad que se nos ha confiado como el Señor usa la suya —con humildad, misericordia y amor— o la estamos usando para satisfacer nuestro orgullo y deseo de control?