18/03/2026
Recuerdo que hace unos años, un famoso entrenador de EEUU se hizo viral porque hacía una cosa curiosa. Ganaba grasa intencionadamente durante unos meses para luego perderla junto con sus pacientes con obesidad para demostrarles que s fácil perder grasa y que no pusieran excusas.
Sin embargo, esto lejos de ser una motivación para los pacientes con obesidad, suele ser justo lo contrario, un foco de frustración. ¿Por qué? Pues porque la obesidad no es un problema estético meramente. No es que alguien haya ganado unos kilos de más simplemente.
Durante años se ha simplificado el problema de la obesidad a fuerza de voluntad, disciplina o adherencia. Pero la biología no funciona así de simple. Cuando una persona ha tenido obesidad, su tejido adiposo no vuelve a ser exactamente el mismo, aunque el peso baje y las analíticas mejoren. Los adipocitos cambian su funcionamiento, aumenta la fibrosis, ciertas vías inflamatorias permanecen activas y el organismo se vuelve más eficiente recuperando grasa si el entorno vuelve a ser obesogénico. Sí, el tejido graso tiene “memoria”. No es excusa, es fisiología.
Por eso el famoso “efecto rebote” no es solo un fallo de la persona, sino una respuesta predecible del cuerpo que intenta volver a su estado previo. El hambre aumenta, el gasto energético baja y la grasa se almacena con más facilidad. Es como si el organismo recordara dónde estuvo cómodo, aunque ese lugar no fuera saludable.
Por eso ese famoso entrenador que engordaba para luego perder grasa no competía en igualdad de condiciones. Ese entrenador va a perder grasa mucho más fácilmente y no la va a recuperar tan fácilmente como una persona que haya tenido obesidad durante años. Las personas que han tenido obesidad no compiten en igualdad de condiciones y necesitan enfoques más inteligentes, mas estructurado, menos extremistas y más sostenibles.