06/01/2026
He visto en los últimos años, a muchos colegas que han encontrado en las terapias basadas en evidencia una base firme desde donde comenzar a ejercer. Modelos como DBT, ACT, FAP, TCC, CPT o Terapia de Esquemas, entre otros, ofrecen estructuras claras, mapas conceptuales sólidos y protocolos que brindan seguridad, especialmente en las etapas iniciales de la práctica clínica. Y eso, sin duda, es valioso.
Sin embargo, existe un riesgo que muchos no consideran y que pocas veces se nombra: confundir el dominio del modelo con la competencia terapéutica.
Aprender un enfoque o modelo de intervención, memorizar sus conceptos, aplicar sus técnicas y seguir sus pasos no equivale necesariamente a saber estar con un paciente. Cuando la teoría se automatiza sin haber sido experimentada, la terapia corre el peligro de volverse mecánica, predecible y, en algunos casos, emocionalmente estéril. El modelo se ejecuta, pero el vínculo no se construye.
La evidencia científica nos dice cuales son las intervenciones que funcionan, pero rara vez nos enseña cómo sobrellevar una relación terapéutica segura. Las habilidades verdaderamente transformadoras como la presencia clínica, la capacidad de mentalizar bajo estrés, la regulación emocional del terapeuta, la lectura precisa del momento relacional, la tolerancia al silencio, el manejo del error y la reparación, no pertenecen a ningún modelo en particular. Son habilidades interpersonales y además profundamente humanas.
Cuando estas habilidades no son desarrolladas por los terapeutas, incluso la mejor técnica puede fallar. No porque el modelo sea incorrecto, sino porque el terapeuta no cuenta con el repertorio conductual para adaptarlo al sufrimiento real que tiene enfrente. En cambio, cuando estas habilidades están presentes, cualquier modelo se potencia. La intervención deja de ser una receta y se convierte en un encuentro genuino y de crecimiento.
Muchas veces pienso que quizá el verdadero reto en la formación clínica no sea elegir qué enfoque aprender, sino preguntarnos quién está aplicando ese enfoque. Porque no es la técnica la que ayuda por sí sola, sino la persona que la ejecuta y la ofrece dentro de un vínculo suficientemente seguro.
Para cerrar esta opinión, creo más que terapeutas expertos en modelos, necesitamos terapeutas expertos en relación, en proceso y en humanidad. Los modelos importan claro que si. La evidencia importa sin dudarlo. Pero sin habilidades (interpersonales) terapéuticas profundas, todo eso corre el riesgo de quedarse en un ejercicio bien intencionado, pero vacío de transformación.
Erick Acevedo
Terapia y asesoría psicológica
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