21/02/2026
En el marco de los protocolos de atención y protección frente al acoso escolar, el m@ltrato y otras formas de viol3ncia entre pares, cada vez más escuelas incorporan las prácticas restaurativas como parte de su respuesta institucional. Sin embargo, todavía existe confusión entre el personal docente.
¿Son una alternativa al reglamento?, ¿sustituyen las sanciones?, ¿se aplican en cualquier caso?
Las prácticas restaurativas son un enfoque de intervención que prioriza la reparación del daño y la reconstrucción del vínculo, sin renunciar a la responsabilidad. A diferencia de un modelo exclusivamente punitivo, que se centra en la infracción y el castigo, el enfoque restaurativo se centra en tres preguntas claves, ¿qué ocurrió?, ¿quién resultó afectado?, ¿cómo se puede reparar el daño?
Desde la perspectiva de los protocolos de atención al acoso escolar, las prácticas restaurativas no sustituyen las medidas de protección ni el procedimiento formal de investigación. Primero se garantiza la seguridad de la persona afectada, se activa el protocolo institucional y se documentan los hechos. Una vez contenida la situación y evaluado el nivel de riesgo, el enfoque restaurativo puede formar parte de la intervención pedagógica.
Veamos algunos ejemplos concretos.
𝗣𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿 𝗰𝗮𝘀𝗼: 𝗯𝘂𝗿𝗹𝗮𝘀 𝗿𝗲𝗶𝘁𝗲𝗿𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗮𝘂𝗹𝗮.
Un estudiante ha sido objeto de comentarios humillantes sobre su apariencia física. El protocolo indica escuchar a la persona afectada, informar a la dirección y tomar medidas preventivas inmediatas. Una vez contenida la situación, se puede implementar un círculo restaurativo guiado por un docente capacitado o el equipo de orientación. En ese espacio, quien realizó las burlas escucha directamente el impacto emocional de sus acciones. De lo que se trata es que tenga una comprensión del daño. El resultado no es solo una advertencia disciplinaria, sino un acuerdo concreto, como una disculpa pública o privada según corresponda, compromiso de cese inmediato y seguimiento docente.
𝗦𝗲𝗴𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗰𝗮𝘀𝗼: 𝗮𝗴𝗿3𝘀𝗶ó𝗻 𝗳í𝘀𝗶𝗰𝗮 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗿𝗲𝗰𝗿𝗲𝗼.
Aquí el protocolo exige intervención inmediata, notificación a familias y registro formal del incidente. Si el análisis determina que no existe riesgo estructural persistente, puede convocarse una reunión restaurativa. El objetivo no es relativizar la agr3sión, sino que quien la cometió asuma responsabilidad real, entienda las consecuencias y acuerde acciones reparadoras. Estas pueden incluir apoyo académico supervisado, participación en actividades de convivencia o un plan de mejora conductual con seguimiento. La sanción puede coexistir con el proceso restaurativo; no son excluyentes.
¿Cuál es la funcionalidad institucional de este enfoque?
Primero, fortalece la responsabilidad activa. El estudiante no cumple una sanción pasiva; comprende el impacto de su conducta y participa en la reparación.
Segundo, reduce la reincidencia. La evidencia en convivencia escolar muestra que la mera sanción no modifica necesariamente patrones relacionales. El diálogo estructurado sí favorece aprendizaje socioemocional.
Tercero, protege a la persona afectada al ofrecerle un espacio de escucha validado por la institución. En ningún caso se obliga a participar; la voluntariedad y la seguridad son condiciones éticas indispensables.
Cuarto, alinea la respuesta disciplinaria con la función formativa de la escuela. Recordemos que el objetivo institucional no es solo controlar conductas, sino educar para la convivencia.
Es importante subrayar un límite técnico: en situaciones de violencia grave, riesgo continuado o asimetría marcada de poder, la prioridad es la protección. El proceso restaurativo solo se implementa si las condiciones garantizan seguridad y equilibrio.
Incorporar prácticas restaurativas dentro de los protocolos no implica debilitar la autoridad escolar. Implica ejercerla con enfoque pedagógico. La escuela sigue investigando, documentando y aplicando medidas; pero además enseña a reparar, dialogar y asumir consecuencias.
En un contexto donde los conflictos escolares son cada vez más complejos, el desafío no es elegir entre disciplina o diálogo. El desafío es integrar ambos de manera coherente. Las prácticas restaurativas ofrecen una vía técnicamente fundamentada para que la respuesta institucional no solo sancione, sino que también transforme.
𝗣𝘀𝗶𝗰𝗼𝗹𝗼𝗴í𝗮 𝗣𝗮𝗿𝗮 𝗗𝗼𝗰𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀