30/12/2025
El caso del taxista que decía sentir arañas en el cuerpo y que después falleció en la Ciudad de México deja una reflexión profunda que va más allá del hecho en sí. Nos enfrenta, como sociedad, a la forma en que reaccionamos ante el sufrimiento ajeno, especialmente cuando ese sufrimiento no es visible ni fácil de comprender.
Hablar de sentir “arañas en el cuerpo” no es motivo de burla ni de espectáculo; suele ser una señal de una crisis mental, emocional o incluso física grave. Sin embargo, la reacción colectiva fue, en muchos casos, la curiosidad morbosa, la risa o la viralización del momento, en lugar de la empatía y la preocupación. Cuando el dolor se vuelve contenido para redes sociales, la persona deja de ser vista como ser humano y pasa a ser solo un video más que se consume y se olvida.
Este caso también expone la indiferencia social que hemos normalizado. Ver a alguien en crisis y no preguntarnos si necesita ayuda, si está a salvo o si requiere atención médica urgente, habla de una desconexión profunda entre nosotros. La prisa, el juicio y la falta de sensibilidad pesan más que la compasión.
La muerte de este taxista no debería recordarse solo como un hecho trágico, sino como un llamado de atención. Nos recuerda que la salud mental importa, que no todas las crisis se ven igual y que grabar nunca debe ser más importante que ayudar. En una sociedad que comparte todo, quizá lo más urgente es aprender a compartir empatía, responsabilidad y humanidad.
Créditos :Karla Pedraza