12/12/2025
Tomado de la Red, pero muy bonita Reflexión, para las personas que se identifiquen con ella, Bendiciones para todos.
Esta Navidad será nuevamente diferente a las de años atrás. Y no lo digo por los regalos, ni por la comida, ni por lo que se ve en una foto… lo digo porque hoy miro mi vida y reconozco algo que antes me costaba creer: todo cambió, y yo también cambié.
Hubo un tiempo en el que la Navidad para mí no era luces ni villancicos. Era necesidad. Era salir con el corazón apretado, buscando una ayuda, pidiendo, caminando por caramelos como quien camina por un poquito de esperanza. A veces con vergüenza, a veces con fuerza, pero siempre con esa sensación de que la vida estaba cuesta arriba. Y aunque muchos no lo veían, yo sí lo sentía: cada diciembre me recordaba lo que me faltaba.
Pero hoy, aquí estoy… y no para lamentarme, sino para agradecer.
Porque la vida me enseñó que uno puede venir desde abajo, desde momentos duros, desde días donde la fe era lo único que quedaba… y aun así levantarse. Hoy no niego mi pasado: lo abrazo. Porque ese pasado me hizo fuerte, me hizo humano, me hizo valorar cada cosa. Y lo más bonito es que ahora puedo decirlo sin tristeza: yo sobreviví a esa etapa. No fue fácil, pero lo logré.
Esta Navidad me siento feliz. Feliz porque ya no salgo a buscar lo que me falta: ahora estoy aprendiendo a disfrutar lo que tengo. Feliz porque entendí que la verdadera riqueza es dormir tranquilo, tener paz, tener una razón para seguir. Feliz porque ya no me define la necesidad, me define mi esfuerzo. Me define el orgullo de saber que no me rendí cuando todo parecía difícil.
Hoy miro hacia atrás y me doy cuenta de algo: Dios me sostuvo, incluso cuando yo sentía que estaba solo. Me sostuvo con personas buenas, con oportunidades, con aprendizajes, y también con golpes que me hicieron madurar. Y si antes yo salía a pedir, hoy salgo a trabajar por mis sueños, a construir, a mejorar, a ser mejor persona cada día.
Esta Navidad no es perfecta… pero es mía. Es real. Es una Navidad donde mi corazón está más lleno que mi bolsillo, donde la gratitud pesa más que el recuerdo de la escasez. Y si alguien está pasando por lo que yo viví, solo quiero decirle algo desde mi verdad: sí se puede cambiar la historia. Paso a paso. Con fe. Con trabajo. Con paciencia. Y con la decisión de no quedarse donde uno sufre.
Hoy celebro porque aprendí a valorar lo simple, porque mi vida ya no está marcada por la tristeza de buscar, sino por la alegría de avanzar. Y sobre todo, celebro porque sigo aquí… más fuerte, más consciente, y con una felicidad que no depende de cosas, sino de lo que soy y de lo que he logrado.