15/12/2025
Crecí como católico con el misterio de la Santísima Trinidad, pero necesitaba entenderlo.
A través del yoga conocí los tres aspectos de Rajas, Tamas y Sattva: operación, destrucción y creación (GOD = generator, operator, destructor).
Los tres aspectos del Raja yoga (de la realidad y el conocimiento), Karma yoga (del servicio y la voluntad) y Bhakti yoga (de la devoción y el amor).
De la religión egipcia tomé el concepto de la sagrada familia: padre, madre e hijo (Osiris, Isis y Horus), en sus múltiples aspectos.
Y del eneagrama, cómo existen tres grandes grupos de heridas de infancia: en el centro de poder (volitivo), de amor (emocional) y de seguridad (mental).
Así pude conceptualizar que la Trinidad, el triángulo de Dios con el ojo, son los vértices de Sabiduría, Poder y Amor.
La inteligencia ordenadora (masculino, padre), la capacidad de manifestación (femenino, madre) y el amor compasivo (hijo). Podríamos discutir que el Espíritu Santo representa las alas de Isis, en una sustitución de la Madre.
Los tres aspectos deben estar en equilibrio, porque si falta uno de ellos, el ser se descompensa en algún tipo de separación o proyección, en lugar de integrarse en la Unidad.
Pero la construcción de la realidad, del universo en diferentes planos, requiere un cuarto vórtice para constituir tetraedros (ladrillos de la realidad), que quizá sería el ojo, la consciencia creadora.
Si Dios es Luz, el poder sería su intensidad; la sabiduría, la coherencia (dispersa o enfocada como láser); y el amor, su color, su cualidad.
Pero la manifestación de la Luz sería su creatividad, su capacidad de crear realidad, su existencia misma, que transforma el Ser y sus cualidades en Estar, en existir, a través de diferentes planos fractales.