23/10/2025
Psicología: ciencia fallida
La psicología, pese a su larga historia y su aparente sofisticación metodológica, no ha logrado consolidarse como una ciencia en sentido estricto. Su estatuto epistemológico está profundamente comprometido por una crisis de replicabilidad que, lejos de ser coyuntural, revela fallas estructurales.
En el metanálisis sobre replicación en psicología, Makel, Plucker y Hegarty (2012) se analizaron más de 20,000 artículos publicados en revistas psicológicas. ¿Cuántos de ellos eran estudios de replicación? Apenas el 1.07%. Es decir, más del 98% de la producción científica en psicología ignora el principio básico de la ciencia: verificar si lo que se afirma puede reproducirse.
Desde principios de la década de 2010, la comunidad científica ha reconocido que gran parte de los estudios psicológicos no pueden ser replicados con éxito. El proyecto Open Science Collaboration (2015) encontró que solo el 36% de los estudios replicados alcanzaban significación estadística. Más recientemente, Protzko et al. (2023) confirman que no hay evidencia de mejora sustancial en la tasa de replicabilidad, a pesar de los esfuerzos por reformar las prácticas metodológicas.
Simmons et al. (2011) demostraron que es “inaceptablemente fácil publicar evidencia estadísticamente significativa que concuerde con cualquier hipótesis”, incluso en estudios sobre fenómenos paranormales (Bem, 2011). Esta plasticidad metodológica permite fabricar resultados que parecen científicos, pero que carecen de sustancia replicable: cuando el método permite validar la telepatía, no estamos ante una ciencia flexible, sino ante una ciencia rota.
Prácticas como el p-hacking, la selección sesgada de datos, y la presión editorial por publicar resultados positivos han generado un ecosistema donde la validez empírica es sacrificada en favor de la visibilidad académica.
El sujeto humano, objeto de la psicología, no se comporta como un objeto concreto. Es contextual, simbólico, contradictorio. Como señala José Burgos, “es posible que la crisis de replicabilidad no se deba a razones metodológicas sino a razones oncológicas o matefícas, y que la realidad que estemos estudiando sea inherente y objetivamente probabilística”.
Pero si el objeto resiste la cientificidad, ¿por qué insistir en tratarlo como ciencia? ¿Por qué no asumir que la psicología es una disciplina híbrida, filosófica, clínica, interpretativa, pero no científica en sentido estricto? ¿Por qué este afán por hacerse pasar como ciencia dura?
En otras palabras, la psicología no fracasa solo por mala praxis; fracasa porque su objeto resiste la cientificidad tal como fue definida por Peirce: “hay cosas reales cuyas características son totalmente independientes de nuestra opinión acerca de ellas”. El sujeto psicológico no cumple con esta condición.
Pero lejos de aceptarlo el capitalismo académico hace un simulacro de ciencia. La psicología ha sido fagocitada por el discurso capitalista, donde la evidencia se convierte en mercancía y la objetividad en estrategia de marketing. La industria editorial, las prácticas clínicas y los medios de comunicación han convertido los resultados psicológicos en productos vendibles, aunque estén basados en datos manipulados o directamente inventados (como en el caso Stapel).
En países como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Países Bajos, la crisis de replicabilidad ha sido tomada con seriedad. Revistas como Science y Nature han dedicado editoriales, investigaciones y reformas editoriales desde hace más de dos décadas. Se han creado plataformas como el Open Science Framework, preregistros obligatorios, repositorios de datos abiertos y protocolos de revisión más estrictos.
En contraste, en muchas universidades latinoamericanas (México, Perú y Argentina) el problema se desestima o se niega. Como señalan Centeno-Leyva y Domínguez-Lara (2020), “la dificultad para realizar replicaciones y la existencia de un posible exceso de falsos positivos publicados en la literatura científica” no ha generado una respuesta institucional proporcional. En congresos regionales, como el del MERCOSUR (2021), se reconoce la crisis, pero se la trata como un fenómeno externo, ajeno a la práctica local.
Esta negación institucional convierte a la psicología latinoamericana en una zona de confort epistemológico, donde se reproduce el simulacro sin asumir responsabilidad científica. La falta de incentivos para replicar, la precarización académica y la cultura de publicación rápida perpetúan el problema.
Mientras la psicología científica se derrumba por no poder garantizar la repetición de sus hallazgos, el psicoanálisis lacaniano se funda precisamente en lo irrepetible, lo singular, lo que escapa a la lógica de la verificación empírica.
Estamos ante una forma de aparición de lo Real tal como señala Lacan: «Lo Real se muestra en el fracaso de la formalización»
La crisis de replicabilidad en psicología puede leerse como un síntoma del discurso universitario atrapado en su propio goce epistemológico: el sujeto supuesto saber de la academia se convierte en el semblante del gran Otro que garantiza la consistencia, mientras el sujeto barrado del investigador se consuela renegando la castración con p-values que sabe que no significan nada.
Si lo rechazado en lo simbólico retorna en lo Real, entonces la crisis de replicabilidad es precisamente esa irrupción de lo Real, el agujero en lo simbólico que muestra que ninguna explicación de la subjetividad (incluido el psicoanálisis) puede reclamar validez eterna y ahistórica, ya que todo sujeto está atravesado por lo imposible de simbolizar. Así, la crisis no es un problema a resolver, sino una marca estructural: el síntoma de que el discurso científico no puede capturar lo que excede la lógica del significante.
Roberto Reyes