30/05/2022
La inflamación es una respuesta natural de nuestro organismo ante un daño físico: un tobillo torcido, una quemadura, una infección…
Los síntomas que asociamos a la inflamación, como enrojecimiento o hinchazón, representan el comienzo del proceso de curación. Sin inflamación no hay curación (esto debe quedar muy claro).
La inflamación aguda aumenta la llegada de nutrientes, enzimas, factores de crecimiento y otros elementos necesarios para iniciar la recuperación, además de movilizar glóbulos blancos para eliminar células dañadas y prevenir una posible infección.
Una vez completada su función, la inflamación se reduce y continúan otros procesos de regeneración.
El problema viene cuando en lugar de inflamación aguda y puntual, se desarrolla inflamación crónica prolongada, por multitud de factores de estilo de vida que atentan con nuestra fisiología.
Esta inflamación permanente de bajo grado, crónica, silenciosa, resulta muy peligrosa. Es como tener una herida que nunca cura. La constante activación del sistema inmune, diseñado para defenderte, termina dañándote.
Las enfermedades crónicas son muy diversas, pero comparten factores causantes, la inflamación crónica de bajo grado es el más relevante, al elevar el riesgo de enfermedad cardiovascular, cáncer, diabetes, trastornos autoinmunes, depresión y enfermedades neurodegenerativas.
En este post, te muestro las principales causas de la inflamación crónica de bajo grado.