25/07/2025
Vamos sin rodeos pero con la profundidad que el tema amerita. Lo dicho por Javier “Chicharito” Hernández no solo refleja una visión profundamente sesgada y patriarcal, sino que además está plagado de falacias, que después desglosaré, pero que al reproducirse en figuras públicas con tanto alcance, alimentan discursos que perpetúan desigualdades y violencias estructurales contra las mujeres.
VIOLENCIA DE GÉNERO Y SIMBOLISMO DEL DISCURSO
◉ Violencia simbólica
Chicharito ejerce lo que Pierre Bourdieu llamó violencia simbólica: prácticas discursivas que, sin necesidad de gritar o agredir físicamente, naturalizan la desigualdad. En este caso, define como “virtudes femeninas” la entrega, la limpieza, el recibir; mientras otorga al hombre el rol de líder benevolente. Esto no solo anula la autonomía femenina, sino que refuerza la idea de que la mujer sin un hombre que la “guíe” está incompleta.
👉🏾Romantización del sometimiento:
Plantear que las mujeres deben “dejarse liderar” porque el hombre “solo quiere hacerlas felices” es una trampa retórica que maquilla la subordinación con una capa de ternura. Es el viejo “yo te cuido, tú obedece” disfrazado de amor romántico. El problema: esa idea ha justificado siglos de abuso, control y violencia.
◉ Micromachismos y misoginia disfrazada
El discurso no es frontalmente agresivo, pero es profundamente paternalista y limitante. Este tipo de expresiones operan como micromachismos normalizados, esos que parecen inofensivos, pero que sostienen la estructura del iceberg de la violencia, lo de abajo, lo que no se ve, no se habla, parece que no es violencia, pero lo es.
👉🏾Desigualdades económicas y de representación
En el fútbol, como en muchos otros ámbitos, la brecha salarial, la representación mediática y el acceso a oportunidades son abismales entre hombres y mujeres. Cuando una figura como Chicharito, con millones de seguidores, reproduce este tipo de ideas, refuerza esas brechas y contribuye a la normalización del desprecio o la desvalorización del trabajo de las mujeres, incluso en su propio gremio.
◉ Violencia epistémica
Al hablar desde su experiencia y descalificar otras voces (feministas, especialistas, mujeres que lo contradicen) comete violencia epistémica: invisibiliza el conocimiento construido por las mujeres y los estudios de género, desacreditando los saberes que no se alinean con su cosmovisión patriarcal.
👉🏾Sistema patriarcal como marco estructural:
El discurso del Chicharito no es individual ni aislado, sino parte de una narrativa que ha definido históricamente a las mujeres como "el otro", confinándolas al espacio doméstico. Esta visión:
❌Minimiza la autonomía de las mujeres.
❌Reduce su valor social al servicio de los hombres.
❌Refuerza el ideal del hombre proveedor, lo que también es opresivo para los propios hombres que no se ajustan a ese modelo.
🧐Javier Hernández no está “opinando” inocentemente. Está reproduciendo un discurso con siglos de historia que ha legitimado la desigualdad, y lo hace desde un lugar de enorme privilegio económico, mediático y simbólico. No es un “error de comunicación”, ni un “malentendido”. Es un acto político, porque toda palabra dicha desde una posición de poder es una forma de ejercer influencia sobre lo social.
Y ante eso, no basta con pedir disculpas ambiguas sin reconocer el error de sus acciones. Pedir disculpas por cualquier "confusión o malestar" que sus palabras hayan causado, eso no es una disculpa; es gaslighting.
Es desviar la atención del problema real. No se trata de cómo se sintieron los demás, sino de lo que él dijo y el daño que causó.
Se trata de de asumir responsabilidad por lo dicho, reconocer sus errores y de entender que las palabras desde el poder construyen o destruyen realidades.
Y esta vez, las suyas hicieron daño tanto a hombres como mujeres porque desde una ignorancia fatal, enorme y tremenda, algunos le creen..
Y para quienes lo defienden diciendo que “dijo la verdad”:
Sí, dijo una verdad.
Una verdad tóxica.
Una verdad triste.
Porque justifica desigualdades.
Porque romantiza la subordinación.
Porque no es valiente repetir lo que siempre ha oprimido.
Porque esa “verdad” es la realidad diaria de muchas mujeres violentadas.