27/01/2026
Porque a veces no siempre es lo mismo y tampoco es más barato.
Para proteger la privacidad de nuestra paciente, omitiremos nombres y fechas exactas.
Muchas veces hemos escuchado el mismo eslogan: “lo mismo, pero más barato”.
Y cuando la situación económica no es la ideal, es comprensible que busquemos alternativas que prometan cuidar nuestra salud sin afectar tanto el bolsillo.
Hoy quiero compartirles el caso de una paciente de la tercera edad, con un largo antecedente de diabetes mellitus tipo 2, obesidad y enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (antes conocida como “hígado graso”).
La paciente acude traída por sus familiares, preocupados por un aumento importante de volumen en ambas extremidades inferiores.
En un primer momento fue atendida en un consultorio anexo a farmacia, donde se indicaron estudios y diuréticos. Al no presentar mejoría, deciden acudir con nosotros.
Durante la valoración clínica encontramos un edema muy importante, con trasudado de líquido seroso, que comprometía la totalidad de los miembros pélvicos y la parte inferior del abdomen.
En los estudios de laboratorio se observaron enzimas hepáticas elevadas más de 10 veces por encima de lo normal, plaquetas bajas, índice FIB-4 mayor de 26, además de ictericia (tinte amarillo en los ojos), aumento del volumen abdominal y disnea en decúbito. Todo lo anterior era altamente sugestivo de daño hepático avanzado, siendo esta la causa más probable del edema en las piernas.
Se explicó la situación a los familiares y se sugirió realizar estudios de extensión, entre ellos un ultrasonido de hígado y vías biliares. Esto es fundamental, ya que la evolución natural de la enfermedad hepática esteatósica, tras años de inflamación repetida, puede progresar a cirrosis hepática y/o hepatocarcinoma, entidades cuyo abordaje y tratamiento son completamente diferentes.
Días después, recibimos el resultado del ultrasonido realizado en un módulo de una conocida farmacia económica. El reporte no era compatible ni con la exploración física ni con los hallazgos de laboratorio. Dicho de forma elegante: el estudio no correspondía a la realidad clínica. Por ello, se solicitó repetirlo en el sitio que se había sugerido desde el inicio.
Esta semana, con el nuevo resultado en manos, la diferencia fue evidente.
El primer estudio reportaba literalmente:
“Hígado sin imágenes ecográficas de patología al momento del estudio”.
Es decir, un hígado aparentemente sano. ¿Cómo podía ser posible?
El segundo estudio, realizado en la clínica donde nos encontramos, reportó:
“Hepatopatía crónica, probable carcinoma hepatocelular, líquido ascítico perihepático y esplenomegalia”.
Un hallazgo completamente coherente con la clínica y los estudios de laboratorio.
¿A qué se debió tanta diferencia?
El primer estudio fue realizado por un médico ultrasonografista (diplomado en ultrasonido), utilizando un equipo básico con capacidad limitada.
El segundo fue realizado por un médico especialista en radiología e imagen, con un equipo de alta gama.
La diferencia en el costo:
• Primer estudio: $560 pesos
• Segundo estudio: $600 pesos
Solo $40 pesos de diferencia entre un estudio mal interpretado y un estudio correctamente realizado por personal capacitado y con el equipo adecuado.
La pregunta es clara:
¿Realmente vale la pena el riesgo de un mal diagnóstico?
Gracias por su atención.
Recuerden: no siempre es lo mismo… y tampoco siempre es más barato.