14/01/2026
EL REENCUENTRO DEL ALMA
Fuente: Carl G. Jung, El Libro Rojo, cap. 1.
La época moderna impulsa eficacia, productividad, éxito exterior; sin embargo, en ese ritmo el alma queda relegada, convertida en simple concepto, palabra bonita sin experiencia viva.
El relato del Libro Rojo muestra un momento radical: la inteligencia racional domina cada decisión, mientras la interioridad se apaga. No se trata de un problema moral, sino de una fractura interna: la persona funciona, produce, cumple, aunque por dentro se vacía.
El alma aparece entonces como realidad autónoma. No como teoría espiritual, tampoco como metáfora, sino como presencia que observa, interpela, acompaña. El espíritu de la profundidad la contempla como ser viviente, existente en sí mismo, distinto del personaje social construido para agradar o encajar.
Cuando el alma se pierde, el destino se vuelve carrera sin descanso: se corre detrás de cosas, se acumulan deseos, aumenta el ruido, sin embargo el interior queda hueco. Llega el horror del vacío, el miedo arreando como látigo invisible. Nada sacia, nada alcanza, nada llena.
Recuperar el alma implica retirar poco a poco el deseo atrapado en lo externo, regresar la mirada hacia dentro, escuchar sueños, emociones, símbolos, intuiciones. Ese movimiento no cancela trabajo ni compromiso con el mundo, solo recoloca prioridades: primero la vida interior, después los logros visibles.
La tesis de fondo resulta contundente: el alma no habita objetos ni personas, descansa en el centro de cada sujeto. Solo se revela cuando el deseo deja de perseguir sustitutos exteriores. En ese punto la psique despierta, reclama escucha, abre un camino de individuación auténtica, donde la persona deja de imitar modelos impuestos para vivir desde su verdad más honda.