03/01/2026
No todos los finales llegan para darnos alegría inmediata; algunos llegan para protegernos, enseñarnos o permitirnos crecer, aunque al principio duelan. Los finales felices son aquellos que coinciden con nuestros deseos, donde sentimos alivio, logro o plenitud. En cambio, los finales necesarios son los que rompen con lo conocido, con vínculos, etapas o situaciones que ya no nos permiten avanzar, aun cuando todavía exista cariño.
Un final necesario no es un fracaso, sino un acto de conciencia y autocuidado. A veces terminar algo es la única forma de ser fiel a uno mismo, de recuperar la paz o de abrir espacio a nuevas posibilidades. Con el tiempo, muchos finales necesarios se transforman en aprendizajes valiosos y, eventualmente, en nuevos comienzos más auténticos.
El valor de un final no se mide por cuánto duele o cuánto alegra, sino por cuánto nos acerca a una vida más sana, congruente y verdadera.