19/06/2025
Cuando el hijo se hace cargo de su familia
A veces, sin pedirlo, un hijo se convierte en padre de su propia madre, en pareja emocional de quien debió sostenerlo, en adulto antes de tiempo. Aprende a leer silencios, a intuir tristezas, a calmar tormentas que no le pertenecen. No porque quiera… sino porque alguien tenía que hacerlo.
En muchas familias, el niño crece entre responsabilidades invisibles. No lleva aún mochila escolar, pero ya carga culpas, ausencias y heridas ajenas. Se convierte en sostén emocional, en pacificador, en cuidador. No juega, no pregunta, no se permite necesitar. Aprende que su valor radica en lo que da, no en lo que es.
Este hijo no se hace cargo por madurez, sino por desbalance. No por fuerza, sino por falta de opción. Y lo peor: muchos ni siquiera lo notan. “Siempre fue muy fuerte”, dicen. Pero la fortaleza no es salud. La responsabilidad precoz no es virtud, es herida silenciosa.
Sanar este lugar implica nombrarlo, entender que nadie debió vivir al revés. Que ningún niño debería apagar su infancia para encender los fuegos de otros. Sanar es volver a ocupar el lugar que nunca debió cederse. Y desde ahí, quizás por primera vez, descansar.
Creditos ✍️María Dolores