13/11/2025
La violencia vicaria no termina con el acto violento
La violencia vicaria deja heridas que no siempre se ven, pero que se sienten todos los días. No acaba cuando el agresor se aleja ni cuando concluye un proceso legal; continúa en el silencio, en el sistema que muchas veces no protege, y en el alma de quienes la vivieron.
Es el eco del miedo, la culpa y la impotencia. Es el duelo de una madre que lucha por sanar mientras intenta reconstruir su vida y la de sus hijos. Es también el dolor de niñas y niños que fueron usados como instrumentos de control, y que cargan emociones que aún no pueden comprender.
Romper el silencio no siempre es fácil. Implica reconocer lo vivido, desafiar el miedo y abrir espacio a la sanación. Pero hacerlo es un acto de valentía y amor propio.
Buscar ayuda profesional especializada en trauma y violencia de género es el primer paso para comenzar a reparar, recuperar el sentido vital y reconstruir la seguridad emocional que la violencia arrebató.
Te mando un fuerte abrazo
Psicologa Alejandra Solano
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