06/08/2025
Ser divergente atencional y autista, yo no lo veo como tener un don o un súperpoder.
Tener ese neurotipo viene cargado de mucha ansiedad durante el día, porque mi cerebro hace que tareas que deberían ser sencillas, se vuelvan complicadas.
Hace unos días, mi hijo y yo, estábamos listos para irnos a su clase de inglés que tanto disfruta, cuando me di cuenta que mi carro no encendía. Y en eso, escuché el ruidito de las intermitentes. Me di cuenta, que se descargó la batería del carro porque dejé las luces intermitentes prendidas.
Tuve que explicarle a mi hijo y obviamente se molestó, lloró, y decía que no le gustaba que no funcionara el carro.
Hacía muchísimo calor y lo mas fácil hubiera salido a buscar un taxi (los ubers suelen ser más tardados). Pero, caminar bajo el sol, sin la garantía de conseguir un taxi rápido, no me pareció buena idea. Así que le dije que mejor tendríamos que regresar a casa, y después podríamos ir al parque. Prendimos el aire acondicionado, traté de relajarme mientras él lloraba, le explicaba que estaba bien si se sentía frustrado. Pero, su tono de voz es tan potente, que empezó a sentirse doloroso para mis oídos, y empecé a perder la paciencia.
A mis 41 años, sigue siendo difícil para mi la autorregulación, así que grité que no era mi culpa (aunque yo sabía que sí era) y que ya por favor se calmara. Fue todo lo que dije. Eso bastó para que mi tono de voz imponente, lo asustara y dejara de quejarse.
Sí, yo les he hablado de la corregulación, pero sigue siendo compleja para ponerla en práctica. La corregulación es un proceso en el que una persona ayuda a otra a manejar sus emociones, especialmente cuando están abrumadas. Es un concepto clave en el desarrollo emocional en la infancia, donde los niños aprenden a regular sus propias emociones a través de la interacción con adulto. Pues sí, "pero un adulto sin tanto caos en la cabeza", pienso yo, tratando de ser un poco amable conmigo misma.
Maternar teniendo una discapacidad psicosocial, es uno de los desafíos más grandes que he tenido que enfrentar. Así que celebrar esos obstáculos, y ponerme una playera que diga que soy superpoderosa y prodigiosa, no, no lo creo.
Por mas que me quieran inyectar positivismo y decirme que sí puedo, o que le vea el lado bueno, pues está fuera de mi raciocinio. Ese discurso me parece dañino para quienes lidiamos con algún tipo de discapacidad porque nuestras dificultades no pueden ignorarse ni reemplazarse con pensamientos buena vibra.
La sobrecarga sensorial o emocional, como gusten llamarle, no desaparece porque alguien te diga que no te preocupes, mas bien, eso me hace sentir más incomprendida.
Ya no quiero forzarme a enmascarar y fingir que todo está bien, cuando no me siento bien. Ya no le veo caso ponerme a marchas forzadas como si mis dificultades fueran a desaparecer si yo estuviera dispuesta a cambiar mi actitud.
Minutos después, me disculpé con mi hijo por haberle gritado, porque en realidad, quiero fomentar el que mi hijo se exprese tal como se siente, no reprimirlo porque me incomode no poder reconfortarlo. Aún estoy en esa lucha, en el reconocer que hay momentos que son difíciles, aceptarlo, y encontrar la manera de sobrellevarlo. Dejar que mi hijo llore, se desahogue, se frustre, sin que yo lo reprima y sin que me afecte.
Así que no, lamento decepcionarlos, ser divergente atencional y autista, no me hace sentir como que soy un ser dotado de magia.
¿Cómo va su maternidad/paternidad?
Texto e imagen: Soy médica neurodivergente