24/11/2025
En terapia solemos escuchar la palabra resistencia como si el consultante “no quisiera cambiar”. Pero esa mirada se va quedando corta.
La realidad es simple y poderosa: si una persona está en terapia, ya hay una intención de cambio presente.
Incluso cuando llega por presión externa (la pareja, la escuela, el trabajo, una institución) el hecho de estar ahí nos muestra algo muy valioso: al menos quiere disminuir un conflicto, reparar un vínculo o evitar que las cosas empeoren. Y eso… ya es un movimiento.
Cuando dejamos de ver resistencia y empezamos a ver intención, cuidado por algo, o incluso protección de sí mismo, se abre un terreno más fértil para trabajar. Esta mirada transforma la relación terapéutica: facilita la alianza, afina los objetivos y permite construir caminos reales hacia el cambio.
En vez de luchar contra la resistencia, la reconocemos como una señal de que algo importante necesita ser escuchado.
Y desde ahí, cliente y terapeuta avanzan como un equipo.
Porque en terapia, casi nunca es que la persona “no quiera cambiar”.
Es que está buscando la manera más segura que conoce.