04/05/2026
*SOY LA AMANTE DE UN HOMBRE CASADO*
Soy la amante de un hombre casado. No me engañó diciendo que estaba soltero, no me ocultó que tenía esposa, no me vendió el cuento de “estamos separados pero viviendo en la misma casa”. Desde el día uno supe que tenía un anillo, una familia y una vida armada. Y aun así me quedé.
Lo conocí en un curso de actualización de trabajo. Era carismático, seguro, con esa mezcla de madurez y simpatía que llama la atención. Desde el primer día supimos que había algo. Él no tardó en decirme: “Estoy casado, tengo hijos, no estoy aquí buscando nada… pero contigo siento algo raro”. Esa frase, que debió ser alerta roja, para mí se sintió como un reto.
No fue inmediato. Empezamos con conversaciones largas, miradas sostenidas, mensajes fuera de horario. Siempre con la línea clara: “No quiero hacerte daño, tú sabes cuál es mi situación”. Y yo, que venía de relaciones donde siempre me sentí la que sobraba, por primera vez me sentí elegida, especial, distinta. La adrenalina de lo prohibido hizo el resto.
La primera vez que estuvimos juntos yo sabía exactamente a dónde iba. No fue un tropiezo, fue un paso consciente. Antes de que pasara, pensé en su esposa, en sus hijos, en lo que yo estaría provocando. Y aún así crucé la línea. No puedo decir que “no me di cuenta”. Me di cuenta de todo y aun así seguí.
Mucha gente cree que las amantes vivimos engañadas, esperando que él deje a su esposa, soñando con que algún día nos elija oficialmente. En mi caso, no. Nunca le pedí que se divorciara. Nunca le pregunté “¿cuándo vas a dejarla?”. No porque sea mejor que otras, sino porque tengo claro cuál es mi lugar: soy la parte clandestina de una vida que él no está dispuesto a soltar.
Sé que conmigo muestra una versión que en casa ya no existe: atento, divertido, vulnerable. Yo no veo sus malhumores al despertar, ni sus cuentas atrasadas, ni sus peleas cotidianas. Yo lo tengo en modo “escape”. Y él me tiene en modo “fantasía”: siempre disponible, siempre arreglada, siempre lista para escucharlo y hacerlo sentir deseado. Es un intercambio muy claro, aunque nadie lo diga en voz alta.
Y sí, también sé que, mientras yo disfruto de la parte emocionante, hay otra mujer sosteniendo la parte pesada: la casa, los hijos, las rutinas, las comidas, la familia. Sé que mientras yo estoy en un hotel con él, ella probablemente está revisando tareas, preparando cenas o preguntándose por qué llegó tarde otra vez. No necesito que nadie venga a explicarme el daño; lo conozco bien.
Entonces, ¿por qué sigo? Porque, aunque lo niegue, esta relación también atiende vacíos míos. Me hace sentir deseada, importante, “la que todavía lo enamora”, aunque solo sea en su tiempo libre. Toca heridas que vienen de mucho antes que él: baja autoestima, miedo al compromiso real, la sensación de no merecer una historia completa y a la luz del día.
Cuando digo que “sé exactamente lo que estoy haciendo” no es un orgullo, es una aceptación. Sé que estoy participando en una traición. Sé que, si yo estuviera en el lugar de su esposa, me dolería. Sé que no soy inocente. No soy “la pobrecita que no sabía”, soy la que aceptó entrar a una historia donde ya había alguien antes.
¿Me arrepiento? Hoy, no. Hoy aún estoy adentro, aún me gana la emoción, aún hay algo en esta relación que me engancha. Sería hipócrita decir que lo odio mientras sigo respondiendo sus mensajes. Pero tampoco me engaño: sé que esto no es amor saludable, sé que algún día va a doler más de lo que ahora me hace sentir viva.
Historia anónima de una seguidora
Tú, leyendo esto, ¿crees que una amante consciente de todo lo que está pasando es igual de responsable que él, o la mayor parte de la culpa siempre será del que rompe el compromiso que juró?