06/01/2026
“La magia existe porque hay un abrazo que la cuida.”
Santa Claus, los Reyes Magos, el Ratón de los Dientes, las hadas y el duende navideño no son engaños.
Son una forma amorosa de acompañar la infancia.
Los niños no necesitan verdades literales; necesitan misterio, belleza y trascendencia.
La magia no contradice la verdad: es otra manera de comprender el mundo durante la infancia. La fantasía es esencial, porque es alimento del pensamiento.
Estos personajes forman parte del lenguaje natural de los niños, un puente emocional que los ayuda a procesar lo que sienten.
Entre los 2 y los 7 años, los niños viven el pensamiento mágico: ese espacio donde la fantasía y la realidad se entrelazan para enfrentar miedos, construir seguridad y dar sentido a sus emociones.
Cuando más adelante la verdad aparece, la magia no se pierde: se transforma en recuerdo, en vínculo, en emoción compartida.
Un niño que puede imaginar es un niño que mañana podrá pensar con libertad. Además los niños que viven la fantasía con plenitud suelen convertirse en adultos más humanos, empáticos y felices.
Lo que hoy sembramos con amor permanece en su memoria.
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