17/01/2026
Una señora mayor llegó a una farmacia de barrio buscando pastillas para la presión.
Quienes trabajaban allí estaban acostumbrados a escuchar historias difíciles, pero esta los tomó por sorpresa.
Al escuchar el precio, abrió su bolso y sacó dos huevos envueltos, explicando que era lo único que tenía para pagar. Había caminado varias cuadras porque no encontraba el medicamento en otro lugar.
Sin hacer preguntas, la persona que la atendió le entregó las pastillas y le dijo que no debía pagar nada. La señora insistió en dejar los huevos, pero le pidieron que se los llevara.
Se fue con el medicamento en la mano.
En la farmacia quedó un silencio distinto, de esos que aparecen cuando alguien hace lo correcto.