25/03/2026
La reciente tragedia en Lázaro Cárdenas, Michoacán, así como el acto de cobardía que se ejerció hace algunos días a un perrito quitándole la vida , hoy como sociedad estamos indignados, dolidos y profundamente afectados por estos acto de violencia que no solo lastima a un ser indefenso, sino que también refleja una problemática mucho más profunda: la normalización de LA VIOLENCIA Y LA FALTA DE EMPATÍA. nos recuerda la importancia de la atención , el apoyo a nuestros niños y jovenes.
Las conductas violentas no aparecen de la nada. Suelen construirse dentro de contextos donde pueden existir factores como la exposición constante a la violencia, la ausencia de límites claros, la falta de regulación emocional, o entornos familiares donde no se fomenta el respeto hacia la vida. Cuando una persona es capaz de ejercer daño hacia un animal, o como el adolescente a esas maestras estamos frente a una señal de alerta importante, ya que múltiples estudios han relacionado este tipo de conductas con una posible escalada hacia otras formas de violencia; es decir sus actos violentos continuarán en otros escenarios y contextos .
Este tipo de actos nos confronta con la realidad de que algo no está funcionando en la forma en la que estamos construyendo nuestros vínculos, nuestros valores y nuestras formas de convivencia.
La salud mental y la comunicación familiar son fundamentales. La violencia no es un hecho aislado, es un síntoma.
Y como todo síntoma, necesita ser atendido desde la raíz: con educación emocional, con límites claros, con empatía y con responsabilidad social .
Como psicóloga, hago un llamado a no solo exigir justicia, sino también a comprometernos como comunidad a construir entornos más sanos, más conscientes y más humanos. Porque el cambio no inicia solo en las leyes, inicia en cada hogar, en cada crianza y en cada decisión cotidiana de respetar la vida.
Establecer límites claros y saludables también es esencial. Los límites no son restricciones, sino una forma de mostrar amor y cuidado, ayudándolos a entender qué es aceptable y qué no. Fomentar la comunicación abierta, validar sus emociones y buscar ayuda profesional cuando sea necesario son pasos clave.
La prevención y el diálogo pueden hacer la diferencia.
Y tu, ¿qué estás haciendo para escuchar, acompañar y criar a tus hijos?
Psic Thaíz Chávez Peralta