22/01/2026
Aprendiendo a vivir
Querida Azul:
Durante los primeros años conviviendo con tu diagnóstico pensaba que te recuperarías.
Pedía el milagro todos los días, soñaba con el momento en que crecieras y pudiera llevarte a entrenar e irte preparando como atleta, que me platicaras sobre tus sueños y realizarlos juntos, esos pensamientos positivos me ayudaron a mantener la esperanza. No quiero pensar en qué habría sido de mí sin ella, me habría sumido en las tinieblas.
A veces pienso si he perdido la esperanza. Ya no fantaseo con verte en las olimpiadas o irme a trotar juntos tampoco sueño con la posibilidad de un mundo mejor para ti. Quiere decir eso que he perdido la esperanza o la capacidad de soñar?
Por otro lado soy capaz de hablar de tu situación sin tapujos como si no me afectara.
Tal vez algunos piensen que me he endurecido como aquella piedra que yace en el fondo del río, rodeada de agua, pero se mantiene seca por dentro. Pero, hija, déjame confesarte que no es así. No he dejado de sentir, de amar, ni de cuidar, solo he aprendido a vivir con el peso de la realidad sin dejarme aplastar por ella.
Hoy Lucho por buscar una solución asistencial para ti, por si un día debido a mi vejez no pueda cuidarte yo, o tu madre, puede que desde fuera parezca que se me ha secado el corazón, pero nada más lejos de la realidad.
Cada decisión que tomo, cada paso que doy lo hago pensando en tu bienestar, en asegurarte un futuro aunque no esté allí para verlo.
Qué pasaría si pudiera charlar con el yo de hace una década? seguramente acabaríamos enzarzados en una discusión donde mi yo actual parecería un ogro. La gente desde fuera de inmediato simpatizaría con aquel yo más soñador y lleno de ilusiones y le costaría entender al que soy ahora. Pero, Azul, lo que pocos saben es que ambas versiones de mí te aman por igual ambas luchan por ti aunque de formas distintas.
He dado muchas vueltas a la cabeza y ya he llegado a la conclusión de que he cambiado.
Lo reconozco el paso del tiempo me ha convertido en una persona más pragmática, pero creo que no he perdido la esperanza, ni he dejado de soñar ni de amar con todo mi corazón. Lo que ha pasado es que he añadido mi nueva habilidad, el pragmatismo, a todo lo que hago.
Hoy tengo la esperanza de que duermas bien esta noche o pases un buen día sin enfadarte. Sueño con tu mirada picara cuando te hago cariños como lo haces acompañada de esa sonrisa tierna.
Trabajo duro cada día para que no te falte de nada, ni hoy ni mañana pensando en lo que es bueno para ti incluso por encima de lo que es para mí.
Hago lo que puedo que no es mucho, para que el mundo evolucione, sin esperar a que cambie, porque sé que lo hará poco a poco. He dejado de soñar con cosas que no van a suceder para centrarme en disfrutar de las que sí ocurrirán.
Hija, he aprendido que vivir no es esperar milagros, sino aprovechar cada instante que nos regala la vida. Y mientras estés a mi lado, seguiré soñando con la vida que construimos juntos, no con la que podría haber sido. Esa, hija mía, es nuestra mayor victoria.
Te quiero
Papá
Rene Gonzalez
Horizonte Azul aprendiendo del Autismo
Créditos Alvaro Villanueva