05/12/2025
¿Por qué tanto miedo de internar a tu hijo en un centro de rehabilitación para hombres?
Porque aceptar que tu hijo perdió el control desgarra.
Porque internarlo significa reconocer que, aunque lo criaste con valores, él eligió un camino que hoy lo está destruyendo.
Porque duele admitir que sus agresiones, sus mentiras, sus recaídas, sus arranques y su consumo ya te rebasaron por completo.
Que no puedes más. Que su vida —y la tuya— ya no pueden seguir así.
Da miedo porque imaginas su furia.
Su reclamo. Su mirada acusándote de “traición”.
Da miedo porque sabes que va a decir cosas que hieren… y aun así tendrás que mantenerte firme.
Da miedo porque, al internarlo, te enfrentas a tus culpas:
“¿Fallé?”,
“¿Lo provoqué?”,
“¿Qué hice mal?”.
Y la verdad es que ningún padre quiere aceptar que su hijo ya tocó fondo.
Da miedo porque no conoces el proceso.
Porque te han dicho mil historias.
Porque piensas que él sufrirá… aunque en casa ya está sufriendo y llevándolos a todos con él.
Da miedo porque dejarlo en el centro significa renunciar a la ilusión de que tú solo puedes rescatarlo.
Y aceptar que él, como hombre, debe enfrentar las consecuencias de sus decisiones.
Pero la verdad más cruda es esta:
Hay miedo porque hay amor.
Porque cuando amas a un hijo, por más grande que sea, te rompe el alma tomar una decisión que lo lastime… incluso si es para salvarlo.
Aun así, internarlo no es abandono.
No es deshacerse de él.
No es “lavarse las manos”.
Internarlo es un acto de vida, de responsabilidad y de valentía.
Es mirar a tu hijo a los ojos —aunque no lo entienda hoy— y decirle:
“Te llevo al centro porque prefiero que estés enojado conmigo… a tener que enterrarte.”
Y esa es la decisión más dura, más fuerte y más amorosa que un padre puede tomar.