09/06/2025
"Este es el largo y este es el ancho..."
Había una vez, en un pueblito donde el viento olía a maíz y a leña, una mujer llamada Doña Teófila. Era una señora sencilla, de andar pausado y mirada sabia, que lo mismo preparaba café de olla que tejía sueños con su silencio.
Su esposo, Don Ramiro, era un hombre trabajador, pero impaciente. Siempre quería las cosas rápido, a su modo, y al primer recordatorio. Una tarde, mientras se sentaba a remendar su sombrero, le gritó desde la puerta:
—¡Teófila! ¡Ya te dije que me cosieras los calzones! ¡Se me van a caer en plena milpa!
Ella, con una calma que desarmaba cualquier enojo, tomó los calzones con los dedos, los sostuvo al aire, y sin mirar siquiera a su esposo, dijo:
—Este es el largo… y este es el ancho… ya mañana será otro día.
Y siguió en lo suyo.
Pasaron los días, las semanas… y cada vez que Don Ramiro volvía a pedir lo mismo, ella repetía la frase como un mantra:
—Este es el largo… y este es el ancho… ya mañana será otro día.
Él nunca recibió insulto ni grito, pero tampoco calzones remendados.
Con el tiempo, el buen Ramiro empezó a remendarlos él mismo. Aprendió a coser, a esperar y hasta a agradecer el silencio que le enseñaba sin decirle nada.
Cuando alguien del pueblo le preguntaba por qué su esposa nunca se enojaba, él respondía:
—Porque su sabiduría es más terca que mi prisa… y más paciente que mis gritos.
Moraleja:
A veces, la calma firme enseña más que mil discusiones.
No todo se resuelve con rapidez, y no todo lo urgente es importante.
Hay sabidurías que remiendan el alma… aunque no remienden calzones.